Hiperrealismo en la fotografía

En uno de esos típicos, modernos y siempre puntuales trenes japoneses la artista y fotógrafa Natsumi Hayashi permanece relajada en su asiento mirando hacia la ventana con una sonrisa tenue en los labios. Un momento, no, corrección, está sentada pero en el aire. Sí, en el aire. Está, ¡oh, Dios mío!, ¿levitando?

Hayashi comenzó a llamar la atención de la comunidad artística hace un par de años con su sorprendente trabajo fotográfico a lo largo del cual se la observa en posiciones volátiles y ligeras como una versión nipona de Peter Pan.

Hayashi integra una nueva generación de fotógrafos que se encuentran jugando con los límites de la percepción y del cuerpo físico, sin utilizar trucos digitales. En otras palabras: lo que ves es lo que hay.

El artículo completo en “Río Negro”

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Revista Leche: ecológica, gratuita y cool

Cada revista “Leche” es una caja de sorpresas. Desde su nacimiento esta publicación de música y nuevas tendencias mantuvo una rara mirada despojada de prejuicios para con la realidad. Entre sus páginas uno no encontrará exclusivamente todo “lo nuevo” pero sí un repertorio de movidas, esfuerzos y estéticas que no, de ningún modo, deberíamos perdernos los lectores. Los creadores de “Leche” han conservado la misma cuota de audacia y buena onda que a veces nos lleva a decirles a nuestros amigos: “escuchá, leé o mirá esto”.
El número 43 de esta coqueta, funcional y gratuita revista ya está en la calle. Algunos de los temas son las entrevistas a Rosario Bléfari y al documentalista Frances Vincent Moon, el creador de la Blogotheque; los trabajos del dibujante Gustavo Sala, un perfil de “Riphle”, una banda para tener en cuenta, y otro de CLDSCP (Caleidoscopio), música experimental para oídos abiertos. Conversamos con su director, Marcos Zbrun.

–Se vino “Leche” ecológica…

–Sí, tras varios meses de preproducción, la revista ha lanzado su Nº 43 adaptando todo su proceso de elaboración y diseño hacia una producción sustentable. Esta iniciativa abarca desde el papel, no proveniente de bosques nativos, sin cloro gaseoso (utilizado para el blanqueo de papel), una simplificación de diseños (menos tintas a base de petróleo), impresión responsable (sólo se imprimen los ejemplares necesarios) y sin envolturas plásticas entre otros aspectos. Para esta nueva etapa, y junto al estudio de diseño Bosque, se rediseñó toda la imagen de la revista basados en las características del papel.

–¿Cómo le explicas “Leche” a la gente que aún no la tuvo entre sus manos?

–Es difícil encontrar una definición exacta de cómo es lo que hacés cuando se trabaja de una manera tan intuitiva y libre. Nosotros no perseguimos ser una revista de culto del rock ni ser los portadores de voz de un montón de gente. Simplemente compartimos la información de qué es para nosotros lo más interesante que está sucediendo en este momento. Por eso no tenemos ningún problema en poner de tapa a una banda desconocida para muchos, porque realmente admiramos a quien esté en tapa y si todos le dieran la chance tal vez al tiempo lograrían ver eso que a nosotros nos vuelve locos. No es una revista caza tendencias ni buscamos la nota caliente. Tampoco somos críticos, no tenemos lugar ni nos interesa, todo lo que publicamos son contenidos que nos hacen felices diariamente y confiamos en que pueden llegar a atrapar a cualquiera con la cabeza abierta y ganas de algo nuevo.

–En tanto agitador cultural, editor, periodista, diseñador y quién sabe qué más, me gustaría que me hablaras un poco de cómo ves el universo de los medios masivos y digitales en relación con el público más joven.

–Creo que está pasando que todo joven hoy en día tiene su “pequeño mundo” cultural armado. Yo, por ejemplo, cuando quiero consumir diseño sé adónde tengo que ir para encontrarlo. Asimismo con la música, la animación o cualquiera sea el arte de interés. Cualquiera que tenga la inquietud y dedique su tiempo a investigar las cosas que le gustan se dará cuenta de que uno ya no descubre cosas novedosas en los medios masivos. Llegan a éstos cuando ya están en ese punto de crecimiento que despiertan el interés.

–Por otra parte, en algún sentido, todos los “medios” son masivos en tanto están ubicados en plataformas de alta difusión, pero al mismo tiempo son personalizados porque pueden dirigirse a públicos muy segmentados. ¿Coincidís con esto?

–Que el público es cada vez más segmentado tiene sentido porque uno elabora su propio perfil aportando miles de datos que no es consciente de que aporta, como motores de búsqueda y grupos de interés. Por eso las publicidades son cada vez más directas a sus públicos y uno siente que le leen la mente cuando buscás una cámara que te gustaría comprarte y después todos los banners te venden cámaras y accesorios. Creo que igualmente seguimos teniendo poder sobre nosotros mismos. Más que nunca hay que filtrar criteriosamente y seguir en constante búsqueda, no quedarse con el entretenimiento inmediato de las redes sociales y los videos de bloopers en YouTube, porque no son los que te enriquecen culturalmente.

–Supongo que debes tener algo más que un puñado de sueños. Cuéntame algunos que tengan que ver con tu actividad laboral.

–El sueño es seguir teniendo desafíos, no parar nunca. No caer en la comodidad de lo conseguido y seguir ampliando el espectro a otros proyectos sea cual sea la disciplina. Seguir conociendo gente increíble, siempre abiertos a nuevas amistades y posibilidades de trabajo en conjunto, como nuestra comunión con los amigos y hermanos neuquinos del Estudio Bosque, que tomaron la posta de la nueva estética de nuestra revista (decisión acertadísima) llevándola a un lugar nuevo que sin ellos no hubiera sido posible. Eso, ya te digo, es un sueño cumplido; que alguien a quien admires tanto se ponga tu camiseta y trabaje con tanta dedicación como ellos lo hicieron es hermoso.

–Te propongo que me tires tres ideas, buenas ideas, para desarrollar en materia de medios on- line.

–Todo depende de qué signifique una buena idea. Creo que todos debemos tener un concepto diferente en cuanto a eso. Para muchos, una buena idea en internet es una que genere grandes cantidades de dinero o que tenga millones de visitas. Desde nuestra propia experiencia en la web te puedo contar que siempre hicimos lo que creíamos una buena idea en su momento. Cuando todo el mundo decía que el flash no iba más, que se estaba muriendo, nosotros hicimos una web flash en stopmotion sacando fotos cuadro por cuadro de una heladera que abrías y estaba llena de elementos fuera de contexto: cada uno era un gag distinto. Estábamos convencidos de que iba a ser un éxito por la motivación y el desafío mismo que nos representaba hacer una web que no habíamos visto nunca y hasta el momento que la empezamos a producir no sabíamos cómo hacerla. Una buena idea siempre será esa que te lleve a tener que reinventarte para crear algo nuevo sin tratar de emular ningún formato preexistente.

Publicada en el diario “Río Negro”

Un brindis en la pantalla

 

La larga y apasionante historia del vino tiene capítulos muy contemporáneos de lo cuales aún se están haciendo películas y escribiendo libros. Siempre son menos de los que se debería.

En los últimos 10 años hemos visto pasar por la pantalla una interesante tanda de filmes que retratan desde distintos ángulos momentos y anécdotas íntimas acerca de cómo la vid se ha incorporado al cuerpo ancho de la sociedad moderna. El argumento no siempre recae con todo su peso sobre “el vino” pero, al final, las copas de los protagonistas chocan entre sí y los hombres y mujeres brindan por futuros horizontes poblados de viñedos.

El artículo completo en “Río Negro”

Los códigos rotos de la prensa amarilla

En una nueva era para los medios masivos, la “prensa amarilla” ha terminado por dar vuelta la ecuación. Una imagen, al menos en su caso, ya no vale por mil palabras.

La idea central de la industria del chimento y la noticia escandalosa consiste hoy en estirar la superficie de la información como un chicle sin importar cuán fragmentaria, breve e inexacta ésta sea. El paroxismo analítico es una actividad cotidiana para los especialistas en temas picantes de la Argentina y el resto del planeta.

Lo verdaderamente importante es hablar. Si hay una fotografía que corrobore o ponga incluso en tela de juicio lo que tan tajantemente se afirma o se niega (en este rubro los hechos, aunque dudosos, siempre son enunciados con ridícula solemnidad) mejor, mucho mejor.

El artículo completo en diario “Río Negro”

Teatro del aire o la imaginación sin límites

Se tiene por costumbre adjudicar ciertos hechos fantásticos a los magos. Aunque una cosa es adivinar una carta y otra, hacer volar un caballo por los aires. Tampoco es un asunto menor colgar a un grupo de actores de una estructura y coordinar una compleja coreografía de ballet aéreo.

Mariano Sebesta desde hace más de veinte años viene macerando ideas que no estaban en ningún lado. Este artista incalificable ha logrado refundar aquella máxima que indica que no hay nada nuevo bajo el sol.

Sebesta tiene un secreto que explica el origen de su particular talento. Entre ambos hemisferios guarda la “máquina de desmitificar cosas”.

–¿Eso quiere decir…? –le pregunto un día en su casa de Bariloche, instalados alrededor de una torta de chocolate que ha cocinado su esposa.

–Quiere decir que, por ejemplo, yo veo este celular que está aquí sobre la mesa y sé que, si me pongo, lo desarmo y entiendo cómo funciona lo armo de nuevo. Me pongo las pilas y allá voy. Creo en la imaginación sin límites.

Mariano Sebesta inició su carrera artística de un modo no artístico. Desde joven fue un practicante del montañismo y la escalada. Sus conocimientos técnicos lo acercaron a grupos teatrales que buscaban innovar en su oficio. Pero innovar en serio. Fue así como se contactó con la legendaria Organización Negra, una suerte de comunidad creativa que rompió todos los moldes expresivos en la Buenos Aires de los 80, y luego con De la Guarda, el grupo de teatro aéreo que ha recorrido el planeta con sus imponentes espectáculos y que no necesita mayores presentaciones. Entre ambos proyectos Sebesta dejó casi una década de su vida. No fue en vano.

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El vino, mentiras y verdades

En los últimos –¿10?, ¿15?– años el vino se ha prestado para muchas cosas. Tierra de nadie, tierra de todos: terroir.

El vino ha servido, por ejemplo, para que virtuosos parlanchines, exiliados de la posmodernidad, dejen su verbo fácil y florido cruzando el éter.

Para que quijotescos personajes, sin molinos ni gigantes a la vista pero dotados de un poderoso instinto de supervivencia, encuentren en el tema una fuente de ingresos o una puerta de entrada hacia una conquista amorosa.

Porque si alguna vez llamó la atención en la mesa grande del domingo un conocimiento doctoral acerca de las películas francesas o la buena poesía americana del siglo XX, hoy en día saber (más o menos) cuánto pesa en el paladar un malbec y cuánto un cabernet, y cuál de los dos es pertinente ante el cuerpo de un salmón a la pimienta, pues eso, justamente eso, no está de más.

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El arte de andar en bicicleta

“Un viaje de mil millas comienza con el primer paso”, tal vez lo dijo Lao-Tsé y es probable que Lao-Tsé nunca haya existido. Lo cierto es que si el viejo maestro oriental hubiera conocido las bicicletas en su tiempo habría tenido seguramente palabras de elogio para este ingenioso artefacto. Algo como: “Un viaje de mil millas comienza con un simple y emotivo pedaleo”.

No hace falta pretender ir tan lejos. Basta con querer ahorrar dinero y perder, en el camino, un poco de peso. Una fórmula que, visto tal y cual se desarrolla el escenario del mundo posmoderno, no deja de resultar optimista.

Olvidémonos por un momento de la crisis energética mundial. Pensemos únicamente en la practicidad de ciertas actividades aeróbicas. Porque, si no fuera por una cuestión de moda y de ciertos complejos de estatura, los tacos altos no tendrían sentido. Y, si sólo se tratara de mantenerse saludable y de viajar cómodo y barato, nadie se negaría a usar una bicicleta. Pero, se sabe, uno no suele impresionar a los vecinos ni mucho menos a las chicas con una bicicleta de tres cambios y canastito.

Ya transcurrieron casi 150 años desde que Ernest Michaux tuvo la brillante idea de dotar de pedales la rueda delantera del dispositivo llamado “draisiana”, convirtiéndolo así en uno de los antecedentes más modernos y directos de la bicicleta actual.

La bicicleta no aparecía entonces como un asunto urgente en la agenda ciudadana sino como un hecho meramente anecdótico. Cuánto y de qué modo han cambiado los tiempos. Justo por estos días se discute si será el auto con batería de carga eléctrica o solar o la bicicleta la que herede la responsabilidad de transportar a las personas del futuro.

A gente como Kirkpatrick Macmillan –el herrero escocés que en 1939 añadió palancas de manejo y pedales a la máquina draisiana–, Ernest Michaux –aquel de los pedales delanteros en 1861–, James Starley –el productor, en 1873, de la famosa bicicleta de rueda alta– o Thomas Stevens –el primero en realizar en 1887 un viaje en bicicleta alrededor del mundo– les habría sorprendido el nivel de sofisticación que ha alcanzado la bicicleta de uso común.

Que la bicicleta de alta competición se haya transformado en una perfecta máquina de quebrar barreras es un hecho bastante entendible. Después de todo, la velocidad impone sus propias reglas al diseño.

Sin embargo, la bicicleta de todos los días, aunque similar en ciertos rasgos a sus primitivas antecesoras, es un objeto de moderna concepción que a veces parece demasiado para tan poco.

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