El síntoma, una reflexión

La detección de la causa no es vinculante con la desaparición del síntoma. Lo sabemos. Como sabemos qué nos pasa, a los “padecientes”, hasta que el síntoma nos supera. Y se borran las palabras del diálogo interior. Pierden energía. Pierden veracidad. Capacidad de acción sobre el sistema corporal.
El dolor inicial, el primero, es transferible, un acto del pasado volviéndose presente. Atraviesa todo nuestro laberinto psíquico como una pelota endemoniada, de principio a fin. Un relato que se vivifica como un fuego alimentado por el recuerdo de una memoria ancestral y a la vez íntima.
Si existe una chispa de eternidad en nuestra vida diaria es esa, la constitución del dolor original que no muere, no envejece, permanece en grosero estado de inocencia.
Siempre buscando el lugar donde encajar. Donde perturbar la búsqueda de estabilidad de la psiquis (o la esperanza “de”) para justificar su propia existencia, como un programa informático olvidado pero al mismo tiempo imposibilitado de dejar de rastrear señales ajenas, canales de funcionamiento cifrados. Expeditivos. Factibles.
El motivo, el evento crítico que provocó el quiebre del plano psíquico, se transforma con el devenir en un agente externo, adherido a los procesos internos. Un et. Un ser fantasmal. Y nuestros miedos son las representaciones metafóricas y cambiantes de este fantasma.
Necesita de la energía del temor para continuar su rumbo a lo largo de la psiquis consciente. Es esta creación humana supra humana la que no quiere morir en verdad. La que es dueña del pánico anterior a la propia vida. Un miedo que o supone o conoce por el vértigo del ADN milenario, la etapa de la oscuridad. La negación. El terrible no de la existencia.
Metáfora de un filme de ficción con alienígenas, es el ente cobrando vida y propia conciencia, razonando sus propios planes, ante la ignorancia parcial del portador.
Pincha, muerde, vomita, sin que sus causas parezcan ser las nuestras, pero origen y presente afectado, se vinculan con intensidad.
Uno es con el otro. El otro cree poder trascendernos de algún modo. Aunque uno y otro son el mismo cuerpo. Y el mismo canal. Persona de ayer, persona de hoy.
¿Dónde está la disolución de este pequeño infierno?
¿Es la santidad una puerta hacia la liberación?
¿Es la fiesta bacanal?
¿Es cualquier forma de perdición?
¿Es el amor?
¿Hay algo más importante y vital que el ahogo de las penas y el ahogo de la sintomatología?
¿Diluimos o anulamos?
¿Realmente tenemos ese poder?
Podríamos, diluir, creo, acción por acción, síntoma por síntoma, en el diálogo terapéutico pero no siempre estamos bajo la sombra paternal del sillón.
Y cuando el diálogo logra sostenerse más allá de la sesión corremos el riesgo de ser engañados por otros diálogos internos menos provechosos y menos útiles.
Leyendo un libro de escalada encontré una cosa muy interesante: enmudecer el diálogo interno, mediante la supresión de cualquier diálogo o reflexión en cuando esta comienza en nuestra cabeza, es una forma de acallar el momento inicial del síntoma. Debilita la potencia del miedo.
Si dialogas o si el diálogo no es el adecuado durante la escalada, te caes.
Sin embargo, por debajo de la puerta, también puede colarse la imagen, no la palabra del síntoma, la imagen, entonces este cobra ímpetu es una serie de postales construidas por la imaginación.
Felices los que no tienen imágenes, los que no ven cine ni tele.
Porque cuando la proyección a traspasado las fronteras del silencio autoimpuesto, otra vez realidad y síntoma se vuelven confusos.
Los sueños no son elementos de la creación ficcional, son fracciones de textos autos confesados, fragmentos rayados en una pared y a las apuradas, en la penumbra, son cartas de un mazo de Tarot desordenado, elaboraciones posibles en la etapa de limbo físico-químico que ofrece el sueño.
Obran como pistas. Como estrellas fugaces en la noche que deberíamos interpretar una vez conscientes.

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Todo lo que dejamos atrás


Entrevista a Douglas Tompkins por Ignacio Pereyra para diario “Río Negro”

Los patios traseros de la mayoría de las ciudades patagónicas están contaminados con bolsas de nailon y desechos de variado tipo.
Douglas Tompkins no lo dice pero lo deja traslucir: la población afincada en el sur – sobre todo esta porque es la que tiene en sus manos la responsabilidad de imponer un estatus ecológico a radicados y visitantes- es parte del problema y no de la solución a la crisis ambiental que vive en la Patagonia.
Durante años la naturaleza salvaje de esta tierra mística ha sido víctima de la indiferencia y el abuso de quienes la habitan y de quienes la gobiernan. Basta pensar en los incendios de principios del siglo XX que acabaron con los bosques autóctonos, con el propósito de introducir animales de pastoreo; la extinción de la fauna marina debido a la caza indiscriminada (reflejada con detalle en la biografía de José Mendendez y José Nogeira, dos de los hombres que forjaron sus fortunas en los extremos de los mapas); la contaminación de ríos y canales como consecuencia de la salmonicultura (esto último ampliamente denunciado en artículos de National Geographic). Y la lista sigue y es larga y dolorosa.
La imagen resulta desalentadora en Río Negro, Santa Cruz, Chubut, a lo largo de la ruta 3, en pasajes de la ruta 40, tanto como en sectores de increíble belleza de los 7 lagos: bolsas y más bolsas, pañales, botellas de plástico o de vidrio, orín, restos fecales, cigarrillos, toneladas de basura en lagos y ríos, al interior de los campings y de las montañas.
Irónicamente los principales refugios ubicados al pie de las espléndidas montañas del sur, dentro de los mismos límites de los parques nacionales, son auténticos vertederos que le producirían arcadas a cualquier desprevenido.
En las afueras de Comodoro Rivadavia, Trelew, Puerto San Julián, en las cercanías de Las Grutas, en las paradas de colectivo abajo del hermoso Cerro Otto, en Bariloche, encontramos la huella cruel de los seres humanos; de como dejan atrás todo lo que no les cabe en el auto.
La Patagonia es un territorio abierto a la corrupción ambiental precisamente porque sus reglas, en esta materia, son muy laxas.
Es como si desde la instituciones, o desde la cultura que las forja, se temiera que al establecer un estricto comportamiento a empresarios y turistas, se fuera a espantar la poca gente que todavía se atreve a hacer turismo o a invertir su dinero en el fin del mundo.
En realidad, se trata de lo contrario. Cuanto más pristino sea nuestro hogar, más atractivo se volverá para quienes desean conocerlo.

Pies lavados con arena

Explota amor
Como una erupción volcánica en un planeta lejano
Corre conmigo amor
De aquí a las playas secas del Sahara
donde la arena ardiente nos espera y nos lavará los pies
como Cristo lavó a sus hermanos miles de años atrás
Prende el fuego con un acto de magia
Sonríe por mi que he perdido el alma pero te tengo a vos
como un sueño, como un imposible, como una mentira blanca
Porque la verdad es que estoy solo con esta canción
Duermo con esta canción
Respiro esta canción que aun no he traducido
Dime quién resuelve el secreto de los días perdidos
Somos anotaciones al margen de una libreta vieja
Búsquedas perpetuas sobre los acordes de una guitarra acústica
Quiero los besos prohibidos de doncellas ocultas tras un velo
Sexo en el medio de la multitud
Otro país nos espera, otra lengua en la cual decir
te quiero, adiós.
Nadie puede con el devenir, nadie
Como una sombra nos cubre de olvido
La televisión como un trago
Un libro como un rito sagrado
La piel de las ninfas como el arte de la locura
Estaremos bien
Yo sé que estaremos bien
Si nos despedimos ahora quizás, un día, nos
reencontremos
Será frente a un graffitti de Banksy
En el muelle donde recale tu velero
En otras manos, en otros cuerpos, en otras voces que no serán ni las tuyas ni las mías.

El amor: placer sangral

El amor como un esperanza desmedida.

Un advenimiento eternamente postergado.

Un beso que no es a quien no corresponde.

Un gemido nocturno que no se decide por la queja o el placer sangral.

El amor como la estepa

Como la montaña

Como un síntoma que no será tratado

Como un río virtual siempre igual, siempre el mismo

El amor como veneno y antídoto

Como plegaria y maldición

Como amo feroz y esclavo delirante

Como explicación y teorema

Como todo y después

Como el Big Bang de una casa maestra

donde viven los saltimbanquis, los magos y las musas

Como el océano tan lejano pero tan dentro

Como la voz del flamenco

Diametralmente opuesto a la felicidad.

En el borde

Di mi nombre cuando el cielo estalle en un enigma de fuego
Escribe mis iniciales en los bordes del precipicio
Mientras el viento arranca los árboles
Recuerda mi canción
Rasga su acorde
Abre el espacio exterior sobre las arrugas de mi cara
Convierte el oro en gotas de agua
Salva
Salvate
Salvame

Besos de sal

Empieza como un beso
Como una lágrima de sal
Y el tiempo
Que sabe más por diablo que por sabio
Rompe el molde
Te pone en tu humilde lugar
Destruye y pervierte tus límites
Le hace cosquillas a Dios
Y vos, con un beso
Con una lágrima de sal
Lo vuelves a armar

Nación literaria

“Francia es una nación literaria. El libro tiene aquí mucha importancia. Si usted se monta en el metro o en el autobús, se dará cuenta de que todo el mundo lee. Eso no pasa en Inglaterra, por ejemplo. Otra cosa: Francia es la patria de los intelectuales. El intelectual moderno nació aquí, en París, con el caso Dreyfus. Y los intelectuales han seguido y siguen teniendo importancia. En Inglaterra y en Estados Unidos no es así. En Estados Unidos sólo se les da importancia a los intelectuales en la costa Este, en algunas universidades.”

Pierre Assouline, escritor y periodista cultural (“El País”)