Piensas en flores

Despiertas. Es la oscuridad. Un truco. Estás del lado equivocado de la cama. Por un momento creíste haber levitado. Como un mago. Como un fantasma. No sos nadie. No sos más que un espejo de la noche. Todas las fichas te caen al mismo tiempo. Fuiste una monja en la India. Un guerrero caído en el campo de batalla en Escocia. Un jugador de golf gordo y engreído en Las Vegas. Un torpe amante en Venecia. Un suicida en Berlín. Fuiste el que lloró por Jesús pero martilló sus clavos. Y el rockero que jamás supo dónde quedaba Woodstock. Fuiste una ninfa. Y un demonio acorralado. El paje y el caballero. El buscador. El agricultor. El niño y sus juguetes. El anciano aburrido de sí mismo. Todo eso en una fracción de segundo. Luego descubres que no. Que estás ahí. En tu casa. En tu dormitorio. Y que tus hijos duermen igual que ángeles entre nubes de algodón. Y que tu mujer sigue furiosa con vos. Y que bebiste de más anoche. Y que necesitas un Uvasal. Que sos un hombre, una mujer en este siglo, un poema mal escrito en este milenio. Piensas en flores. No sabes por qué.

Despiertas. Es la oscuridad. Un truco. Estás del lado equivocado de la cama. Por un momento creíste haber levitado. Como un mago. Como un fantasma. No sos nadie. No sos más que un espejo de la noche. Todas las fichas te caen al mismo tiempo. Fuiste una monja en la India. Un guerrero caído en el campo de batalla en Escocia. Un jugador de golf gordo y engreído en Las Vegas. Un torpe amante en Venecia. Un suicida en Berlín. Fuiste el que lloró por Jesús pero martilló sus clavos. Y el rockero que jamás supo dónde quedaba Woodstock. Fuiste una ninfa. Y un demonio acorralado. El paje y el caballero. El buscador. El agricultor. El niño y sus juguetes. El anciano aburrido de sí mismo. Todo eso en una fracción de segundo. Luego descubres que no. Que estás ahí. En tu casa. En tu dormitorio. Y que tus hijos duermen igual que ángeles entre nubes de algodón. Y que tu mujer sigue furiosa con vos. Y que bebiste de más anoche. Y que necesitas un Uvasal. Que sos un hombre, una mujer en este siglo, un poema mal escrito en este milenio. Piensas en flores. No sabes por qué.

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Diarios

¿Qué es la prosperidad? Una combinación de rarezas: voluntad, suerte, instinto. El momento adecuado, la persona adecuada, el producto adecuado. ¿Hay bienestar por debajo de la prosperidad? Sólo sé de luchas. Necesito más trabajo que intervenciones divinas.

¿Hay una manera en la que puedas rectificar el camino? ¿Empezar donde dejaste? Penas de amor. Aquella era una frase de Fito Páez. Cuando eras un niño y las penas de amor eran una canción. Una letra y una melodía infinitas.

¿Puede que estés escribiendo todo esto en tu mente? ¿Qué se trate de un sueño en la vigilia, como cuando te tomas medio vaso de whisky, así de una, y tu sistema comienza a entender que el eje se ha movido, que una parte del mapa fue borrada con el codo? ¿Puede que todo esto no sea más que una mentira que alguien dice, que alguien piensa, que alguien deja escapar como un pedo, como un suspiro marciano, como una estupidez, como un chiste malo?

Ya he escuchado esto demasiadas veces. Me largo de aquí. Siempre caemos sobre lo mismo. La vida sigue. La vida es corta. Vive el momento. Y lo vivo, hasta que alguien remata con “Carpe Diem”. ¿Esto es? ¿Y qué es? Estoy lleno de preguntas y ninguna respuesta me deja tranquilo. Mejor partir.