Porqué correr nos hace sabios

La velocidad no es hija de la potencia sino de la sabiduría. Como un fogonazo que ilumina tu mente por unos segundos. Un estruendo donde toda la música es albergada en la geografía de una única nota. Una nota colosal. No es la velocidad el producto del esfuerzo muscular que desarrollamos por alcanzarla sino de una reflexión, una poderosa e invisible reflexión llevada a cero punto cero y que funciona como un resorte capaz de propulsarnos a través de nuestros prejuicios y miedos personales.
La acción no se conoce a sí misma. No se reconoce en el espejo profundo de la vida. Es consecuencia y forma pero no contenido ni motivo. No se sabe. Como no sabe, la acción, porqué estalla  o de dónde proviene la instancia a partir de la cual adquiere su ritmo. El devenir que atravesamos subidos a su enigmática velocidad es un argumento que encuentra razones extrañas en una serie de fantásticas casualidades pero que responden, en verdad, a una voluntad maestra, a un deseo primitivo. Una solicitud que hicimos cuando aun éramos éter, viento y noche sin estrellas. La idea última, la prístina provocación que subyace a cualquier planteo bélico o amoroso, contingencias que nos incitan a correr, puede estar bien representada en una raíz pequeña y poderosa como un átomo. Una pincelada microscópica aunque feroz. Es la cabeza de Buda diluyéndose como un río junto al árbol de la sabiduría.
Hasta un torpe es sabio cuando corre.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: