El vino, mentiras y verdades

En los últimos –¿10?, ¿15?– años el vino se ha prestado para muchas cosas. Tierra de nadie, tierra de todos: terroir.

El vino ha servido, por ejemplo, para que virtuosos parlanchines, exiliados de la posmodernidad, dejen su verbo fácil y florido cruzando el éter.

Para que quijotescos personajes, sin molinos ni gigantes a la vista pero dotados de un poderoso instinto de supervivencia, encuentren en el tema una fuente de ingresos o una puerta de entrada hacia una conquista amorosa.

Porque si alguna vez llamó la atención en la mesa grande del domingo un conocimiento doctoral acerca de las películas francesas o la buena poesía americana del siglo XX, hoy en día saber (más o menos) cuánto pesa en el paladar un malbec y cuánto un cabernet, y cuál de los dos es pertinente ante el cuerpo de un salmón a la pimienta, pues eso, justamente eso, no está de más.

El artículo completo en “Río Negro”

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