¿Somos tan importantes?

El atribulado ego del ser humano aun no ha atravesado la última de sus fronteras, la más crítica: se trata de la posibilidad cierta de que su presencia en el planeta sea mucho menos relevante de lo que se piensa.
Como sociedad, como ente religioso, como cuerpo histórico incluso, nos costó aceptar que no éramos el centro del universo, bueno, ahora viene lo peor: tampoco somos el centro de la Tierra. No somos su eje.
No pocos científicos contemporáneos comienzan a dudar seriamente acerca del peso que tiene la conducta de las personas (aun multiplicada por miles de millones) sobre el clima y los cambios profundos que atraviesa el planeta para nuestra estupefacción.

El artículo completo en “Río Negro”

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