Encuentros inexplicables

La chica y yo nos conocimos en una reunión de universitarios donde nadie sabía muy bien quién era o de dónde había salido el otro. Teníamos 18 años y estallábamos en el aire. Energía en estado puro, energía sin mancha, sin contratiempos. No sé si fue un flash. Fue un principio. Salimos y nos pusimos más o menos de novios. Ella vivía en una pensión en Parque Patricios y yo en una casa en Lanús, aunque pasaba algunos días de la semana con mis amigos en un edificio de Núñez. “¿Núñez?”, me preguntó meses después cuando ya podíamos afirmar que sí, que éramos novios. “Yo a veces voy a ver a mi primas a Núñez”. Pero Núñez es tan grande. Otro barrio más de la enorme Buenos Aires. Un fin de semana la acompañé al barrio. “¿Qué calle?”, le pregunté cuando ya nos habíamos subido y bajado de los dos colectivos que unían Parque Patricios con Núñez. “Jaramillo”, me respondió. “Jaramillo, mirá vos, la misma calle que la de mis amigos. ¿Altura?”. Entonces la chica acertó de lleno. Dijo el número exacto en el que vivían mis amigos. Era el mismo edificio.

EL artículo completo en diario “Río Negro”

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