Cómo conquistar chicas

Nadie sabe que tan lejos puede llegar un hombre o una mujer por conquistar a esa persona de quien se ha enamorado. Lo único cierto es que lejos siempre es lejos.
Patrick Moberg, por ejemplo, en 2007 vio (apenas eso, “vio”) en el populoso metro de Nueva York a la chica de sus sueños y desde entonces no ahorró esfuerzos para conocerla. Pero ¿quién era la chica en cuestión? ¿Dónde vivía? ¿Tenía novio? ¿Volvería alguna vez a usar el metro a esa hora o se trataba de un mero paréntesis en su agenda cotidiana?
Patrick comenzó (imagino que con cierta premura y ansiedad) a colgar creativos identikits de la piba con la frase: “I saw the girl of my dreams on the subway tonight”, por toda la Gran Manzana, incluyendo al pie su teléfono y su mail. Existía la posibilidad de que ella misma o alguien la reconociera en el pastiche. Patrick incluso replicó el dibujo en una página web en la que se los ve a él y a ella en su versión cómics, con una serie de datos anexos que podrían ayudar en la pesquisa de un eventual detective del amor.
La historia tuvo un final digno de la realidad pero indigno de los cuentos de hadas: Patrick encontró a la chica y le avisó a todo el mundo, a través de su web, que ya estaba, que muchas gracias por los numerosos signos de apoyo que recibió. En el sitio hoy en día aun se puede leer: “Found Her!”. El resto es una incognita. Patrick prefirió dejar el relato amoroso justo en el capítulo en el que él y la chica zarpaban hacia tierras desconocidas.
Me hizo recordar, aunque en el terreno de la ficción, en otro loco enamorado: Yuri Orlov. Orlov es un personaje del filme “El señor de la guerra”, interpretado por Nicolas Cage, quien desde su adolescencia está perdido por la modelo Ava Fontaine (la sensual y leve Bridget Moynahan). En más de un sentido Orlov es un ser despreciable y le gusta serlo. Trafica con armas dónde y cuando le digan y transcurre sus días negociando con oscuros dictadores y feroces guerreros embadurnados de sangre. Pero Yuri preserva su costado dulce. De modo que un día, cuando ya tiene ciertos recursos, urde un complicado y oneroso plan con el exclusivo propósito de conquistar a la bella Ava. A costa de coimas, mentiras y simulaciones, crea el escenario romántico perfecto. Contrata a Ava para una sesión fotográfica destinada a una falsa campaña publicitaria y la aloja en un coqueto hotel, del cual, previsor él, ocupa todas las demás habitaciones. Como por casualidad, como quien no quiere la cosa, Yuri se encuentra con Ava en la playa privada del hotel y la saluda amable pero no particularmente interesado: ¿lo únicos dos, eh? Y así comienzan con diálogo que termina en una oferta que Ava no podría rechazar: ¿Te llevo a algún sitio en mi avión privado? Por supuesto, el avión no es de Orlov sino alquilado, y Orlov soborna a la tripulación para que le pongan por unos minutos un slogan en el ala con las iniciales de su nombre. Que enorme y fastuoso estafador. ¿El final de esta historia? Orlov se casa con su amada Ava Fontaine, a la que continúa engañando no con otras mujeres sino con la verdadera naturaleza de su trabajo.
Ayer, con cierto retraso, terminé de ver “Tremé”, la entrañable serie producida por David Simon, el creador de “The Wire”. Uno de los personajes más atractivos de esta historia que narra la agitada vida de la ciudad del jazz, el soul y el blues, después de Katrina, es Davis McAlary, interpretado por el infaltable comediante Steve Zahn. David quiere que Janette (Kim Dickens) se quede en Nueva Orleans y no se marche, como ella ha decidido, a Nueva York donde continuará su carrera de chef. David le pide un día, sólo un día para convencerla de que New Orleans es su lugar en el mundo.
Durante toda la jornada David expone a su “amigovia” a los sabores de New Orleans, a su música increíble, a su árboles, a su aire, a su gente y sus colores. Juntos cruzan las distintas fronteras que divide un placer de otro hasta llegar al frontera final, una noche de buen sexo matizado por unas gotas de vino blanco.
¿Convence David a Janette, amparado en estas sensaciones, de reconsiderar su decisión? ¿Puede el amor más que ciertas razones?
Supongo que es mejor dejar que cada cual se entere viéndola por ahí, o,  en el fondo de su corazón, albergue la respuesta. Una respuesta.

Publicado en diario “Río Negro”

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