Nosotros somos el sur

Durante mucho tiempo hemos estado solos en este lugar de asombro.
Solos con nuestras penas, solos con nuestros fantasmas, con nuestros Caleuches
Durante muchos años hemos visto venir, como a extraterrestres, como a seres de otro planeta a hombres y mujeres de más allá, gentes que decían tener su casa en Europa y Estados Unidos, y que soñaban con conocer el fin del mundo.
Pero el fin del mundo éramos nosotros.
Siempre lo fue. Lo fue mi abuelo, mi madre, lo somos tú y yo.
Nosotros éramos las serpientes y los dragones que se dibujaban en los extremos de los mapas.
En tiempos del general que se auto ungió presidente,
los exiliados eran enviados, eran expulsados aquí: a nuestro amado sur.
Porque el sur era el Purgatorio para los que habían pecado.
Y nosotros habitábamos el fin de los tiempos.
Al lado de los botes de madera de los pescadores artesanales,
anclaban los yates de lujo, los cruceros gigantescos
y entre sonrisas y miradas inocentes los pasajeros nos daban la rara noticia:
“ustedes son lo desconocido por conocer”
Y era verdad, tanto tiempo había pasado que nos olvidamos que habían un norte y que ese norte también era nuestro país
Cuando el sur comenzó a volverse cool, comenzaron también a llover estrellas, locutores y políticos
Pero para un buen político, para un político de raza, el sur es una hermosa montaña, un glaciar, no es es gente, no, la gente es complicada.
Pero nosotros somos el sur, nosotros somos la postal que los extranjeros, los políticos y los admiradores de la naturaleza, se llevan a su casa.
Somos la tierra salvaje, la tierra sin mancha, el sabor del salmón, el personaje lejano y amable, el trekking tan soñado, el paseo en barco.
Nosotros somos él hielo eterno.
Ahora se queja el sur, molesta el sur.
“¿Cómo se pueden quejar si viven en el Purgatorio?”, dicen los políticos de raza, los que saben que aquí hay mucha más naturaleza que votos.
Pero nosotros somos las serpientes y los dragones, el pingüino, el guanaco, el zorro y el puma, nunca vistos.
Somos la conciencia, la memoria de los que nos han olvidado por generaciones.
Nosotros hemos aprendido a no enfermarnos para no morir, hemos sobrevivido al clima más férreo y crudo, a la soledad, a la indiferencia histórica de una nación, al hastío de ser la última oreja en el tarro del presupuesto.
Ahora duele el sur, ahora tiembla el sur, ahora el sur hace ruido.
“¿Pero cómo? ¿hay gente ahí?”, pregunta el político de raza que todo lo sabe y todo lo entiende y que cuando vote presupuesto pasará por alto Magallanes.
Magallanes, Magallanes ¿no recuerdan acaso que esas fueron las últimas palabras del padre nuestra Patria?
Amigo, nosotros somos el sur. Nosotros no inventamos el sur pero somos el sur.
Sobre todo y contra todo somos el sur..
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