Schubert y Mozart nos matan de la pena

Las luces no se apagan cuando el prestigioso Alexander String Cuartet comienza la interpretación de su programa. Una selección no apta para novatos puesto que las obras de Mozart y Shostakovich (Cuarteto de cuerdas n° 16 en Mi bemol mayor KV 428 y el Cuarteto n° 4 en Re mayor op. 83, respectivamente) no representan lo más accesible de ambos compositores. Como diría una dulce y erudita señora, Nora, en el colectivo de regreso al pueblo desde el elegante hotel Llao Llao donde transcurre la Semana Musical: “No es lo más claro de Mozart”. Ella insistía en que el programa debía haber comenzado al revés. Es decir, con “La muerte y la doncella” de Schubert y seguido con los cuartetos de Mozart y Shostakovich. En parte tenía razón, Nora, pianista de Misiones, pero de haber sucedido el final habría sido un verdadero bajón. Como para arrastrarse sobre el piso de madera, a los gritos y pidiendo ayuda espiritual. Tal vez, desde el principio la elección debió ser otra. O te la bancas y ya.

Uno no puede dejar de pensar en las tribulaciones que llevaron a estos genios de la música a componer semejantes teoremas sonoros. Tampoco puedo dejar de pensar en qué hubiera pasado si Mozart o Bach hubieran tenido una guitarra electroacústica entre sus manos. Mozart, Hendrix, The Edge y Noel Gallagher. Qué cuarteto. Cuartetazo.El asunto es que mientras el Alexander String Cuartet nos robaba el alma con la primera parte, las chicas promotoras mataban el tiempo pensando en viejos amores, sentaditas en las escaleras que conducen al salón. Una simpática señora disfrazada de mamushka, y que un rato antes de la música repartía ricos chocolates envueltos en cajitas, permanecía estoica detrás de un helecho. Estoico yo también aprecié el dolor, la vanidad y la genialidad del joven Mozart y del atormentado Shostakovich (atormentado por Stalin, nada menos). No puedo dejar de apuntar esto: Nelson Castro, el anfitrión de la Semana, posee una enorme, enorme erudición. Después vino el intermedio. Un destacado, prestigioso periodista de un prestigioso medio nacional me explicó que para sus comentarios sobre la Semana Musical este año no había nada decidido. Le habían dicho sus editores que espere órdenes. Las notas saldrán, seguro, pero ya no tiene el lugar reservado como otros años. Menos espacio, más avisos, menos papel, menos palabras. Creo que nos pasa a todos en cierta medida. El periodismo avanza pero no reflexiona.El clásico “La muerte y la doncella” de Franz Schubert cerró la noche. Schubert encontró en esta obra una manera de conjurar su propia muerte. La vida frente a la perspectiva de su final. Triste sabiduría que nos golpea y nos excita. A Schubert y a todos.

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