El cocinero, el escritor y el vaquero maldito

Publicado en diario Río Negro

Esta historia también comienza por el final. Porque si uno ha leído algo de y acerca de John Irving ya sabrá que el celebrado autor americano siempre inicia el proceso de escritura de sus novelas sabiendo exactamente cómo terminan. Acto seguido continúa así: de atrás hacia adelante hasta que llega al principio. Su principio. Acaso una sorpresa para él mismo.

Pero este método fue revestido de una nueva piel en su libro –recién publicado en español y en la Argentina– “La última noche en Twisted River” (Tusquets). Básicamente porque el protagonista de la historia, un escritor, Danny, visualiza las palabras iniciales de su propia novela cuando ya el libro se despide.
Y esa novela, la de Danny, no es otra que la novela que John Irving está escribiendo y que ahora el lector tiene entre sus manos.
La sensación, luego de atravesar uno tan increíble historia, relatada con tan enorme talento y determinación, no deja de resultar conmovedora. Y muy extraña.
Irving es dueño de una voluntad narrativa que encuentra escasas comparaciones entre sus colegas de la actualidad. El universo del autor de “Una mujer difícil”, está compuesto por personajes vinculados de un modo u otro a lo físico. Al estado natural. Al nervio y al músculo. Sus novelas no son justamente novelas de acción pero sí están resguardadas en el carácter de hombres y mujeres fuertes.
En “La última noche en Twisted River”, uno de sus protagonistas –Ketchum– es tan fornido e inabarcable que le lleva a Irving escribir: “Sólo Ketchum puede matar a Ketchum”.
Que es como decir que sólo Irving es capaz de matar a un personaje de Irving. O quizás sería más exacto afirmar que sólo un personaje de Irving es capaz de matar a un personaje de Irv ing.

“La última noche en Twisted River” es un relato profundo y dinámico donde se cruzan una y otra vez, y a pesar del deseo de que esto no ocurra por parte de sus personajes, la violencia y el amor.
La violencia representada en la figura de un malvado, más típico de una película de vaqueros que de una novela contemporánea.
El amor, por su parte, es graficado de múltiples y singulares maneras: el amor de padre e hijo, el amor de una madre postiza, el amor que surge entre los buenos amigos, el amor no correspondido; y otras categorías extravagantes, como el amor que puede sentir un artista –Danny–por ángeles y mujeres desnudas cayendo en paracaídas.

Leer a Irving es introducirse por las puertas abiertas de un ropero mágico y salir a un mundo que se parece a nuestro mundo pero que ya entenderemos que no, que no es. No importa qué tan brutal y desquiciado sea el mundo del cual Irving es responsable, al final, el lector termina por descubrir que se trata de un mundo más justo, más ameno y menos cruel que la realidad misma.

Esa realidad, que la literatura no hace más que moldear a su conveniencia, es más impredecible y en muchas ocasiones su o sus sentidos se nos escapan.
No hay un “y vivieron felices para siempre” ni siquiera un “vivieron infelices para siempre”. No podemos apostar a que una aparición iluminará lo que ha quedado en sombras. En las novelas de Irving, y en ésta especialmente, el argumento se retuerce como una serpiente envenenada pero todo el tiempo somos concientes de que el viejo y fornido escritor, ex luchador de lucha greco romana, nos llevará con su literatura a buen puerto.
John Irving no nos engañará jamás. No lastimará nuestros corazones.
“La última noche en Twisted River” relata el periplo de un hombre, Dominic, y el de su hijo, Danny, de 12 años, quienes deben escapar de un campamento maderero al norte de New Hampshire, luego de que el chico mata accidentalmente a la amante del alguacil, Carl.
Carl encarna el mal en toda su extensión. Es violento, bestial, frío y muy paciente. Un día Carl, un bebedor sin límites, se enterará de cómo fueron los acontecimientos y comenzará una persecución tan implacable como rutinaria. Dominic y Daniel huirán movidos por esta cacería humana hacia distintos lugares de los Estados Unidos cambiando sus nombres más no sus actividades –uno es cocinero, el otro con el tiempo se convertirá en escritor– hasta emigrar a Canadá.

“Si algún mensaje hay en esta novela es que los actos de violencia tienen tendencia a perpetuarse en otros actos de violencia y eso todavía pervive en determinadas zonas de la América rural y en cierta forma en el imaginario colectivo norteamericano que todavía está basado en esa cultura fronteriza y sin ley”, ha explicado Irving de su reciente novela.
Pero hay mucho más que un mensaje acerca de la violencia en la novela de Irving. El ímpetu narrativo, que lo conduce a intentar contener en su totalidad la vida de un puñado de personajes entre las páginas de un libro, es una aventura artística (y atlética) pero también una experiencia filosófica. En distintos pasajes del libro, Irving ofrece pistas que enmascaran una enseñanza mayor: vivir tiene su precio, y el precio es aceptar el dolor para un día ser capaces de traducir lo que hay de autorealización en las penurias y el fracaso.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: