Nada, mi casa

No hay nada allí.
Puedes viajar durante horas y horas a través de la Patagonia con la nariz pegada al vidrio del autobús y no verás más que una de las caras del vacío: la inmensidad sin interrupciones. Sin contrastes.
Aunque la nada es mi casa.
Cuando pongo un pie en la provincia de Santa Cruz (Argentina) siento que ya estoy en territorio seguro. Que entiendo el código. Que puedo traducir el lenguaje del viento.
Una vez que dejas atrás el pequeño pueblo de Luis Piedra Buena, comienzan a asomar los picos nevados de las montañas. Sobre un fondo azul se proyectan los monstruos de granito. Chile, me digo, pero no desespero. También me gusta acá. Su río, su paz de Nirvana austral.
La temperatura en toda la región es, durante gran parte del año, lo suficientemente baja como para atravesar los hilos de tu ropa. Es un especie de impacto vital que te recuerda lo frágil y lo delicado de tu humanidad.
Más allá de las divisiones políticas, la Patagonia no se explica en una guía, ni en los mapas, ni en las fotografías hechas con gran angular. La Patagonia se siente en la piel. Se lleva en la piel. Se define en la piel.
Silencio es una de esas palabras que remiten a espacios invisibles donde justamente las palabras sobran. Sur, silencio, lejania. Sinónimos de un territorio mágico por contraste. Porque no hay trucos. Porque carece de adjetivos modernos como “sensacional”.
Mi sueño es siempre el mismo: Viajar de un lado al otro con destino a la Patagonia. Para llegar a Puerto Natales (Chile), mi pueblo, mi casa, donde una estufa a leña permanece encendida. Alguien me dará un abrazo y si tengo suerte cocinaré un salmón pescado hace apenas unas horas.
Por la mañana caminaré a lo largo de costanera descubriendo una vez más, como si fuera la primera vez, las figuras de los montes: Pratt, Tenerife, Ballena. Al fondo el macizo del Paine, que anticipa uno de los parques nacionales más bellos que existen.
Lo sueño cuando estoy lejos y, al final, sucede. Cada regreso es un nuevo comienzo.

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Una respuesta

  1. Me gustó mucho, demasiado. Te abrazo

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