Claves

Publicado en diario “Río Negro”

La vida. Sus infinitas secuelas. Su trámite aberrante. Su extrema belleza. Su sensual inoperancia. La practicidad en cada uno de sus actos. Su misterio.

La vida. Aquí estamos. Aquí nos quedamos. Y que todo sea, que todo valga la pena, se justifique y se explique por un instante de gloria.

Un momento desnudo donde poseemos, durante un breve espacio de tiempo, la clave del universo.

El padre primerizo carga, con manos indecisas y una sobrecarga de adrenalina en la espina dorsal, el delicado cuerpo de su primer hijo. Se parece a vos, le dice a la madre que yace agotada e indiferente en la cama. El planeta ha dejado de girar para ambos.

Con un trago en la mano atraviesas la pista de baile. Lo levantas para que ningún Johnny Travolta termine con tu elixir por el suelo. Al fondo están tus amigas y no muy lejos alguien que te ha gustado. Que observaste y supones que te descubrió. De pronto el DJ se inspira y suena “I gotta feeling”. Saltas como propulsada por un cohete. El también, y la noche se vuelve pura expectativa. Con los dientes apretados quieres enamorarte y amar. O, tal vez, sólo lo primero.

Desde una loma observas el paisaje. Dentro de un par de horas todo el lugar quedará a oscuras. Puedes imaginarte encendiendo el fuego no muy lejos de las carpas que le armaste a tu familia. El ruido, las quejas y las cuentas han quedado atrás. ¿Por qué no me mudo a este lugar?, te preguntas. Y no sabes responder ni a vos ni al aire por qué no cambias la ecuación de pasar dos semanas donde no quieres y el resto del año donde sí deseas vivir. Vuelves al campamento con una adivinanza en los labios.

No sos el primero en decirlo a los gritos, te sumas: ¡un aplauso para el asador! Tu mejor amigo lo ha hecho de nuevo, un asado para anotar en los libros de historia. Sobre la mesa se distribuyen ensaladas, un poco de pan y botellas de vino tinto. De la nada, alguien toca tu hombro, te da un beso en la mejilla y te dice que te estima con la mirada. Hoy como siempre, más que nunca, sos parte del club. Vos también fundamentas y sostienes esta cofradía. La amistad se define mejor alrededor de una mesa.

Esta vez nadie se ha llevado la película del video. Saliste un poco apurada y pasaste a comprar un helado con tus sabores favoritos. Hacía tiempo que querías ver esa comedia romántica. La historia que no es tuya pero qué importa, ¿o cuál es el sentido del cine si no es para permitirnos sentir historias ajenas?

Mañana va a ser un día mejor, te dices. Sientes el aroma de las sábanas limpias. Piensas en que por fin tus hermosos hijos duermen. Te pierdes debajo de la almohada. Faltan siete horas para empezar de nuevo, pero son “tus” siete horas. Habías emprendido el segundo capítulo de una novela. Sin embargo, ahora después de dos hojitas, tus párpados comenzaron a cerrarse. Lentamente te diluyes en la noche. Aún estás viva. Aún tienes el mundo a tus pies.

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