A los cuarenta

Publicado en diario “Río Negro”

A los 40 tenía el rostro redondito, mi padre. Creo que era Navidad. Estábamos en casa de su hermana: vestía pantalones negros y una camisa blanca a rayas que se le estrechaba un poco alrededor del vientre. Lo recuerdo bien porque conservo una fotografía suya de entonces. Bailó mucho esa noche. ¿Conocen el famoso pasito de los floggers? Bueno, ese lo inventó mi viejo.

Sé que exagero, pero sí es verdad que fue la primera persona a quien se lo vi hacer.

Para cuando este artículo salga publicado ya tendré la edad que él tenía en la foto.

También estoy yo en el cuadro. Camisa marrón, jeans, el pelo bastante largo, caído sobre la frente, rubio como paja. Tengo 12 años y soy la persona más frágil y sensible del planeta. Mis mejillas semejan dos perfectas manzanas. Estoy cansado. He seguido el ritmo de mi padre.

La fotografía la tomó mi tía como una forma de conmemorar el momento y nuestras proezas.

Como todo chico no imagino aun un futuro sin mi padre. En el poco tiempo que hemos estado juntos, porque lo veo sábados y domingos, el resto de la semana lo paso con mi madre, ha tratado de hacerme entender el complejo y contradictorio universo de los adultos, pero sus consejos me entran por una oreja y me salen por la otra.

Pasarán por lo menos dos años más antes de que comencemos a conversar acerca de los cuentos de Julio Cortazar, de Borges y el significado del “Aleph”, de la poesía de Pablo Neruda y la antipoesía Nicanor Parra. Nuestra relación se decanta por el análisis literario. Suena aburrido pero es lo que hacemos. No hay juego, hay ficciones por interpretar.

A mi padre no le gustaba hablar de su pasado. No se sentía orgulloso de pertenecer a una estirpe de marinos borrachos de dudosa honestidad. Gente sin currículum vitae.

Mientras su ancestros navegantes se mataban a golpes arriba de un ring en competencias de box amateur, se tiraban sillas por la cabeza en bares de mala muerte de Valparaíso o iban de Perú al Estrecho de Magallanes en un barco mercante y en cada puerto una mujer, Nino fue criado por una tías de humilde condición pero que se daban aires. Estudió profesorado. Se especializó en la letras.

Como el personaje de Max Fischer en “Rushmore”, la película dirigida por Wes Anderson, desde que era un niño mi padre vestía traje y corbata. Ya fuera en la playa o durante un ridículo picado de fútbol en el campo, llevaba siempre una camisa impecable, corbata y zapatos de cuero lustrados con frenesí. Su saco, en esas oportunidades, descansaba colgado de una rama.

Heredé su pasión por los libros y por la buena ropa. Lamentablemente también heredé su mal genio. Su carácter obsesivo y solitario. Hoy, que soy un simple narrador su historia, me parece lógico que nuestra relación haya terminado como terminó: de un modo tan novelesco. Tan de culebrón mexicano.

Lo último que me dijo antes de morir, en realidad me lo gritó: “eres un pobre tipo, nunca hiciste nada con tu vida”. Después cortó. Me lo merecía. Me había pasado un buen rato atacándolo por cuestiones financieras y sentimentales. Pero sobre todo financieras. Es curioso como al final, cuando el camino se estrecha, uno sigue pensando en que dejó el gas encendido o no pagó la cuota del auto.

Con el paso del tiempo, no es la imagen del hombre agonizando en la cama de un hospital la que más fuertemente vive atada a mi memoria. No son sus últimos gruñidos. Son sus cuarenta años que ahora son míos. La noche aquella en que bailaba con el pasito flogger y se reía sin parar mientras todos lo aplaudían. La fotografía en que estamos juntos, uno abrazado al otro.

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4 comentarios

  1. Es corajudo de tu parte parado en los 40, mirar atras y reconocerse en la historia familiar y en la relacion padre e hijo, poder asumir que de ahi venimos y que de una forma u otra han tenido tanta influencia en nuestro hoy, que hay un poco que duele,a veces espanta y siempre algo que enorgullese, es saludable asumir que somos esto que elegimos ser, en parte por ese pasado.
    Me gusto este relato de tu vida con sabor a nostalgia!!

  2. Felices 40, Claudio! Un fuerte abrazo para vos y tu bella familia

  3. pensaba hace un rato en que te podría regalar…..
    y me encuentro con la sorpresa que el regalo me lo hiciste vos……..

    un año de sorpresas lindas y mas amor……los ñiños nos vienen a dar eso(me encanto que te veas niño…)
    un abrazo fuerte

  4. Chileno, te me pusiste cuarentón! Veré qué hago ahora con vos, El regalo en mi blog.
    Un abrazo

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