Paul Auster: el incesto, la soledad y la belleza

Una entrevista en New York Magazine a Paul Auster a propósito de su libro “Invisible”. Tim Murphy establece relaciones o puntos de contacto entre el autor y su personaje Walker, un joven y bello poeta que, al menos en parte, nos hace pensar en: Paul Auster.

Paul Auster, de 62 años, acaba de publicar su decimoquinta novela: la bien recibida “Invisible”. Después de dos vasos de vino blanco en el Sweet Melissa, Park Slope, donde el autor ha vivido con su esposa, la escritora Siri Hustvedt, desde los 80, le dice a Tim Murphy que no, que no está deprimido, y que no mantiene una relación incestuosa.

-¿Cuánto de Walker, el protagonista de “Invisible” -un guapo aspirante a poeta, quien en 1967 se enreda en juegos sexuales con su siniestro profesor europeo y su torturada novia francesa, sin mencionar un verano en el que mantuvo relaciones sexuales con su propia hermana- hay en Paul Auster.

-Simplemente no soy yo. Cada escritor utiliza cosas de su propia vida. Sí, yo estaba en París en 1967. Aquel hotel es un lugar en el que me quedé. Quería regresar y pensar en lo que significaba tener 20 años otra vez, y en lo ignorante que somos a esa edad, cuan inexpertos y suceptibles.

-¿Alguna otra similitud?

-El deseo de ser escritor. El interés por la literatura.

-¿Melancólico?

-Yo era melancólico, okey, era un muchacho bastante hacia adentro aunque no tan severo como Walker. Y nunca tuve una relación incestuosa con mi hermana.

-Sí, el incesto. Lo representas con cariño, como una forma de víncularse entre sí por la muerte de un tercer hermano.

-Si se desea establecer jerarquías sobre el incesto, esta es la forma menos malévola, consentido entre hermanos. Ellos no sienten ninguna culpabilidad, de verdad. Cuando los padres abusan de sus hijos, esto si es brutal Pero cuando estás hablando de dos chicos es diferente. Que no suene a que estoy recomendando a la gente hacer esto. Y luego la pregunta otra vez: ¿Lo hicieron o no lo hicieron?

-¿Y qué hay de la tan remarcada belleza de Walker? ¿Acaso no ha comentado siempre la gente lo atractivo que eres?

-Cuando yo era joven, había gente que me miraba de la misma forma en que es mirado Walker.

-¿Como un objeto?

-Sí. Y no hay nada que puedas hacer al respecto. Naces con tu cuerpo, con tu cara. Nunca pensé en ello, pero yo sabía que existía. Así que esto es un poco una carga con la que Walker tiene que caminar.

-Este es un libro muy triste. ¿Es así usted?

-No me siento deprimido. De hecho, Walker logra una buena vida para sí mismo.

-Muere solo y triste.

-¿Acaso no lo hacemos todos?

-Son un sello de tus libros los hombres que siguen con sus cosas después del divorcio o de la muerte de un ser querido. ¿Las fantasías de soledad que promulgas en tu escritura te sirven para estar presente de algún modo en tu propia vida?

-Hay amor, y sin duda te preocupas más por los niños que por ti mismo. Sin embargo, estamos solos en nuestras cabezas.

-Pareces amar a las mujeres francesas ¿Disfrutas viéndolas andar en bicicleta por París, fumando y llevando una baguette?

-Debo decir que las jóvenes en bicicleta son algo que encuentro muy erótico. Incluso en Nueva York, hay un montón de chicas muy atractivas pedaleando por ahí. Es ya una de las tantas vistas agradables que tiene nuestra ciudad: una joven en bicicleta.

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