Bajo la supremacía del culo

Ya lo decía Roberto Fontanarrosa hay palabras que no merecen el calificativo de “malas”. Como si hubieran cometido algún horrible crimen. Culo es una de ellas.
Mujeres y hombres, pulposos o andrógenos, no dejaron ni dejarán de recibir una inspección de sus extremidades. El territorio secreto donde la energía erótica encuentra su cénit.

Hace unos días nomás, el tema que aúna ideario y materia, volvió a los titulares cuando Jennifer López fue elegida por los seguidores del sitio web americano W.E.N.N, como la portadora del Mejor Culo del Mundo. Detrás de ellas se ubicaron Beyoncé, Kim Kardashian y Shakira.
Hija de una época en que las nalgas han sido elevadas a herramienta indispensable en la carrera de cualquier artista, López – quien alguna vez dijo que con “eso” era capaz de servir el desayuno– aseguró el suyo en 4,5 millones de euros, previendo cualquier incidente. Una mordida desesperada, por ejemplo. Si bien no podemos desconocer su calidad actoral, fue su apretado vestido rojo, a punto de romperse en mil jirones, lo que hipnotizó la mirada de miles de espectadores en el filme de Oliver Stone “Giro al infierno” de 1997, con el cual saltó a la fama.
Existe un correlato entre el obsesivo esplendor del culo como objeto resonante y la producción cinematográfica y publicitaria de modelos bien provistos. ¿Recuerdan aquel comercial de 1989 en el que Patricia Sarán se cambiaba de ropa en un ascensor (de ahí el nombre del spot ), y en el agitado transcurso de calzarse unos Jordache mostraba la más perfecta de las colas? Bueno, ese aviso marcó una época. Luego siguió Raquel Mancini, que provista de unos jeans By Deep, intentaba apagar su ardor con una ducha fría. Después Pampita, y su pequeño y dinámico artilugio, y Luciana Salazar o la naturaleza salvaje y expuesta. Y tantas otras, tantos otros culos.
Este es el tiempo, esta es la sociedad en que los artistas, los modelos de cualquier categoría no pueden (o no prefieren) dar un paso decisivo en sus carreras sino tienen redondeces que mostrar. Tampoco las Primeras Damas se escapan de la exigencia. Letizia Ortiz y Carla Bruni, esposas del Príncipe Felipe y de Nicolas Sarkozy respectivamente, fueron captadas el año pasado subiendo las escaleras del Palacio de la Zarzuela. La fotografía que recorrió el mundo y desató la polémica, fue utilizada para ilustrar todo un acontecimiento político: la visita a España del presidente francés.

Culos. El de Uma Thurman enfocado una y otra y otra vez por la cámara de Quentin Tarantino en “Kill Bill”. El de Scarlett Johansson copando la primera toma de “Perdidos en Tokio”, filme dirigido por una mujer, Sofía Coppola. El de María Sharápova apenas expuesto después de un saque. El de Michelle Obama, considerada por Playboy la política más sexy, subiendo a un avión, con su marido detrás haciendo el saludo militar.

“Pensemos en la importancia mediática del “trasero” en nuestros días; el asunto trasciende la concreta atracción por esa parte del cuerpo. En efecto, el gran goce de la época consiste en develar todo aquello que está “por detrás”. Ese gusto incluye la fascinación por los backstages, la complacencia voyeurista por Gran Hermano, la impulsión por dar a ver fotos con procacidades sexuales, los chismes artísticos (proliferan los programas “especializados” en ese rubro) y todo aquello que muestre lo que hay detrás de bambalinas.”, escribe Silvia Ons en un artículo llamado “El trasero no es el rostro” publicado en Violencia/s (Editorial Paidós).
Sin embargo, también hay razones científicas detrás del interés por las colas. El zoólogo británico Desmond Morris, autor de “El hombre al desnudo”, explica que los mamíferos repiten ciertas formas en distintas zonas del cuerpo con el propósito de acrecentar las posibilidades de atracción erótica desde perspectivas diferentes. En el caso de nuestra especie, los labios carnosos femeninos reproducen la forma de la vulva (de ahí el mito que señala que una cosa refleja la otra) para atraer al hombre, y las nalgas, por supuesto, imitarían a los senos.
Escribió preclaro Francisco de Quevedo, más en serio que en broma: “Lo que dicen del culo (los que tienen ojeriza con él) es que pee y caga, cosa que no hacen los ojos de la cara; y no advierten lo cuitados que más y peor cagan los ojos de la cara y peen que no el del culo, pues en ellos no hay sueño que no lo caguen en cantidad de legañas, ni pesadilla o susto que no meen en abundancia de lágrimas, y esto sin ser de provecho, como lo que echa el culo, como ya queda probado.”
Acaso pensando en esto es que miles de  empleados anticipan los festejos de fin de año en Europa y Estados Unidos, fotopiando sus traseros en la oficina. La empresa Canon ha asegurado que en Londres un 46 porciento de las llamadas después de las fiestas corresponden a roturas en los vidrios no vinculadas con la actividad laboral.
En otras palabras, nadie quiere marcharse a casa sin llevarse un culo extra en el bolsillo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: