Canciones de Sigur Rós

Esta historia se sitúa en un lugar de nombre extraño, Reykjavík, capital de Islandia. Pensándolo bien, tampoco estoy seguro de que califique como historia. Es, en realidad, una canción interpretada en vivo en uno de los extremos del mundo. Fueron la manera en que sus compositores la respiran, la vitalidad que imponen sobre el escenario y la estética que despiden en su transcurso, mezclada con una infantil alegría, los motivos que me llevaron a pensar que, así en vivo, “Gobbledigook”, del grupo islandés “Sigur Rós”, merecía ser calificada como un relato literario o un acto de exquisita inspiración.
El disco se llama “Með suð í eyrum við spilum endalaust”, que en castellano significa “Con un zumbido en los oídos tocamos eternamente”. Al escuchar los primeros tramos de “Gobbledigook” por un momento pensé que se trataba de un grupo de electrofolk argentino que se había pasado de vino tinto. Pero no. Muy lejanos a nosotros estos islandeses juegan con una base que resulta sospechosa y maravillosamente folclórica. Semeja un malambo. Sin embargo, justo cuando estaba por entregarme al zapateo pues ¡oh sorpresa!, ahí es cuando Jón Þór Birgisson, líder del grupo, irrumpe con una dulce melodía en otro tiempo. Su voz delicada y fugaz se superpone al primer telón rítmico.
La combinación te deja atónito.
La escena parece sacada de un circo. Hay una banda de músicos vestidos de blanco que ocupan funciones diversas, unos aporréan bombos, otros hacen palmas en un contratiempo característico del flamenco y otros ayudan en los coros. Visten con ropas semejantes a los antiguos trajes militares de gala. Pero esto no es homogeneo. El resto de los integrantes lleva vestidos neo hippies. El baterista Orri Páll Dýrason, además, se ha puesto una especie de corona artesanal de varios colores.
Luego de las presentaciones formales por parte de Jón Þór Birgisson, que incluye una sonrisa cómplice y un puño en alto para una Bjork disfrazada de pájaro, la música da inicio. No. La música explota.

Un simpático “lalalalalala” precede al malambo enloquecido del que hablaba al principio. Luego la voz en falsete del cantante acompañada por una guitarra acústica a la que no deja de rasguear con energía se imponen a ese tiempo folclórico que queda repicando atrás.

Pero cuando las frases acaban, los tambores, la batería y todos los instrumentos de percusión presentes revolucionan el escenario.

La letra de la canción, acaso una anécdota, se puede traducir con la piel. Del islandés al inglés al castellano, queda así: “Tu sombrero vuela en el aire/Cierras el paraguas por dentro demasiado seguido/Oh no, no, oh/Tus techos vuelan hacia un mar tormentoso/Pelo de accidente vascular y peinado al viento/viento en tu pelo/viento en tu pelo”.

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