“Piedra infernal” de Malcolm Lowry, una lectura

Primeras páginas del libro “Piedra infernal”

Sobresaliente perfil de Malcolm Lowry por Matías Serra Bradford

El infierno es un lugar posible entre los hombres. Una construcción racional. Un desquicio planificado. Fue Borges quien se preguntó, usando la voz de uno de sus personajes, ¿Puede acaso Dios crear algo que no sea el Paraíso?

Si de la divinidad nacen paraísos, de la humanidad devienen las plataformas del Cadalso.

Bill Plantagenet ha arribado a uno. No es el peor de los sitios en los que ha estado pero tampoco podría decirse que un Hospital Psiquiátrico de Nueva York represente la mejor opción para unas vacaciones. Plantagenet cruzó en las calles de la gran ciudad los límites de lo aceptable. Se derrumbó luego de intoxicarse con alcohol hasta alcanzar un nivel de ebriedad que lo emparentó con la locura.

Pero Bill, el pianista de jazz británico, el amante de Melville, el admirador de los barcos que prometen partir y de los puertos en los que abundan los bares de mala muerte, está muy lejos de ser un paciente común.

Su dolor insoportable, su necesidad de olvido, lo llevaron a buscar el extraño y mentiroso equilibrio que procura el whisky. Una copa por los fantasmas del pasado, otra por los amigos idos, otra por el amor de una dama, otra por la patria lejana y así Bill va ahogando su alma y deteniendo el tiempo que apremia.

Su temporada en el psiquiátrico es apenas un bálsamo. Primero lo atenaza la resaca profunda de meses de beber sin parar. Pero después su propio espíritu le pide momentos de calma y de resistencia. Plantagenet descubrirá que algunos de los internos gozan de buena salud en un sentido total del término. Son seres solitarios, sin red, que necesitan de un abrazo y de un verdadero estado de comprensión. Lo que sea necesario para salir adelante. En este sentido, aquellos internos y las gentes libres del afuera no se diferencian demasiado.

A la explosión de pensamientos heridos, sensaciones indescifrables y dolorosas, le sigue el diálogo lógico y abismal – por lo cierto, por lo definitivo – con el psiquiatra encargado de la institución, el doctor Claggart.

“Piedra infernal” (Tusquets) es un viaje simbólico a través del verdadero tormento de su autor. El, como Bill, también fue arrasado por su adicción y lidió con la abstinencia en un hospital de Nueva York. Su obra literaria es la proyección perfecta y brillante de su crisis y de su espanto. El diálogo filosófico entre paciente y doctor no es otro que el diálogo consigo mismo de Lowry.

La triste herencia del libro funciona apenas como una evidencia: no hay redención. No hubo salida para Lowry y no la hay para sus personajes.

No casualmente, antes y después del hospital, Bill recorrerá con desesperación los bares abiertos. En cada uno dejará unas monedas y de cada uno se fugará como si lo persiguieran hordas furiosas. Al final volverá a la nada.

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