Los amigos de mi abuelo

Los amigos de mi abuelo nos daban dinero.
Corríamos desaforados sobre la vereda de su casa. Ya era de noche y ellos estaban borrachos. Cada tanto salían a la puerta a tomar aire y nosotros les pedíamos plata para comprar Coca Colas. Andaban sueltos de billetes porque habían bajado del campo ese mismo día. Llevaban 4, 5 horas tomando vino blanco. Sin parar.
Primero pedía mi prima. Después yo. Y así. Eran un buen grupo. Las Coca colas pasaban de nuestros labios a la panza con inusual vértigo. El truco consistía en pedir, comprar y tomar a todo vértigo. Nada podía detenernos y nos reíamos a carcajadas cada vez que un de estos hombres nos llenaban las manos de pequeños billetes. Se llamaban escudos entonces.
Los “viejos”, como les decíamos, se veían efectivamente viejos pero el más grande era mi propio abuelo que tenía apenas 50. Había cambiado el campo por el pueblo porque se estaba quedando ciego. Cuando sus rondas a caballo por la estancia comenzaron a dejarle la cara marcada de llagas que se hacía contra las ramas de los árboles, alguien le dijo, tal vez su mujer, que era hora de cambiar de trabajo.
Eran gente del sur, gente de curtida, los que hoy nos divertían con divague alcohólico. Gauchos, ovejeros, esquiladores, puesteros, ayudantes de puesteros y esquiladores, domadores, cocineros y ayudantes de cocina, cazadores de zorros, cazadores de pumas, puesteros cuatreros, cuatreros a secas, borrachos sin ocupación definida, jugadores de truco profesionales, vendedores de objetos que nadie necesitaría jamás, vendedores de humo.
Su vida no fue fácil pero administrar ciego una humilde residencial para profesores que llegaban de todo el país a Puerto Natales, motivados por un sueldo apenas un poco más alto que la media, no era nada en comparación con arriar vacas y ovejas, a 17 grados bajo cero, en sombras, a veces perdido en el centro de miles de hectáreas confiado en que su caballo lo guiaría de regreso.
Una residencial donde tenía que limpiar el piso, hacer la cama y lavar y planchar la ropa interior de algunas profesoras era una tarea menor en el largo estilete de su carrera como gaucho.
Su vida no fue fácil. Tampoco de la sus hijas que contra toda opinión de sus mejores amigos, partieron a estudiar profesorado básico a Santiago. Título te van a traer. La panza llena de huesos, guaso güeón, le gritaban en medio de la jornada.
Las chicas se fueron, se recibieron, tuvieron sus hijos, sobrevivieron a sus propias penurias y criaron sus hijos. Esos hijos que ahora están en la calle Valdivia, con diez años, un día de verano de 1980, juntando billetes obtenidos con esfuerzos títanicos, quitados a empellones a la nada más rotunda que puedas imaginarte.
Pensarás que aquí acaba el cuento. Que esto es todo y final feliz. Pero no, nosotros, los chicos que fuimos, también penamos. Tres generaciones de trabajadores sacrificados no alcanza para salvarse de la pobreza ni de las carencias. Nosotros transcurrimos nuestro camino de espinas y resultó más duro de lo que creíamos.
Aprendimos, mi prima y yo a aceptar que el camino es cruel, y que aunque no lo queramos aceptar, se trata del camino, no del lugar al cual pensábamos llegar.
Con los años, ella fue y vino, hasta transformarse en Trabajadora Social. Yo me fui, volví y volví a irme para convertirme en un vendedor de humo. Una de las tantos oficios que ejercían los amigos de mi abuelo.

En eso estamos, Ray

Ray Bradbury encontraba el sentido de la vida y la posibilidad de una cierta trascendencia en el arte de la escritura. Era en aquel espacio solitario y un poco tortuoso donde Bradbury despejaba la X de la historia. Y de su destino.

Mientras escribo las líneas de rigor a propósito de su muerte no estoy completamente seguro de que ésta haya sido la faceta más reconocida de quien se hizo célebre publicando “Crónicas marcianas” y “El hombre ilustrado”. Resulta limitado que Bradbury trascienda sólo como un escritor de ciencia ficción al estilo de Isaac Asimov. El gran Ray era también un gigantesco inspirador, un organismo brillante, una piedra basal de la que podíamos agarrarnos cuando nos temblaba el pulso. Bradbury fue un fantástico optimista, un hombre sabio que había descubierto que, como decía Ernest Jünger, el sentido de la vida radicaba en emular la creación como un juego de niños.

El artículo en “Río Negro”

Hiperrealismo en la fotografía

En uno de esos típicos, modernos y siempre puntuales trenes japoneses la artista y fotógrafa Natsumi Hayashi permanece relajada en su asiento mirando hacia la ventana con una sonrisa tenue en los labios. Un momento, no, corrección, está sentada pero en el aire. Sí, en el aire. Está, ¡oh, Dios mío!, ¿levitando?

Hayashi comenzó a llamar la atención de la comunidad artística hace un par de años con su sorprendente trabajo fotográfico a lo largo del cual se la observa en posiciones volátiles y ligeras como una versión nipona de Peter Pan.

Hayashi integra una nueva generación de fotógrafos que se encuentran jugando con los límites de la percepción y del cuerpo físico, sin utilizar trucos digitales. En otras palabras: lo que ves es lo que hay.

El artículo completo en “Río Negro”

Fiesta del “Río Negro”

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Horacio Licera

Miguel Alvarez

Carlos Torrengo

Carlos Pedranti

Carlos Casalla

“Chino” Leiva

Juan Mocciaro y “Negro” Walter

Claudio Rabinovich

Miguel Vergara

Oscar Ofak y Fabio Natalini

Teodorico Hildebrant

 

 

El síntoma, una reflexión

La detección de la causa no es vinculante con la desaparición del síntoma. Lo sabemos. Como sabemos qué nos pasa, a los “padecientes”, hasta que el síntoma nos supera. Y se borran las palabras del diálogo interior. Pierden energía. Pierden veracidad. Capacidad de acción sobre el sistema corporal.
El dolor inicial, el primero, es transferible, un acto del pasado volviéndose presente. Atraviesa todo nuestro laberinto psíquico como una pelota endemoniada, de principio a fin. Un relato que se vivifica como un fuego alimentado por el recuerdo de una memoria ancestral y a la vez íntima.
Si existe una chispa de eternidad en nuestra vida diaria es esa, la constitución del dolor original que no muere, no envejece, permanece en grosero estado de inocencia.
Siempre buscando el lugar donde encajar. Donde perturbar la búsqueda de estabilidad de la psiquis (o la esperanza “de”) para justificar su propia existencia, como un programa informático olvidado pero al mismo tiempo imposibilitado de dejar de rastrear señales ajenas, canales de funcionamiento cifrados. Expeditivos. Factibles.
El motivo, el evento crítico que provocó el quiebre del plano psíquico, se transforma con el devenir en un agente externo, adherido a los procesos internos. Un et. Un ser fantasmal. Y nuestros miedos son las representaciones metafóricas y cambiantes de este fantasma.
Necesita de la energía del temor para continuar su rumbo a lo largo de la psiquis consciente. Es esta creación humana supra humana la que no quiere morir en verdad. La que es dueña del pánico anterior a la propia vida. Un miedo que o supone o conoce por el vértigo del ADN milenario, la etapa de la oscuridad. La negación. El terrible no de la existencia.
Metáfora de un filme de ficción con alienígenas, es el ente cobrando vida y propia conciencia, razonando sus propios planes, ante la ignorancia parcial del portador.
Pincha, muerde, vomita, sin que sus causas parezcan ser las nuestras, pero origen y presente afectado, se vinculan con intensidad.
Uno es con el otro. El otro cree poder trascendernos de algún modo. Aunque uno y otro son el mismo cuerpo. Y el mismo canal. Persona de ayer, persona de hoy.
¿Dónde está la disolución de este pequeño infierno?
¿Es la santidad una puerta hacia la liberación?
¿Es la fiesta bacanal?
¿Es cualquier forma de perdición?
¿Es el amor?
¿Hay algo más importante y vital que el ahogo de las penas y el ahogo de la sintomatología?
¿Diluimos o anulamos?
¿Realmente tenemos ese poder?
Podríamos, diluir, creo, acción por acción, síntoma por síntoma, en el diálogo terapéutico pero no siempre estamos bajo la sombra paternal del sillón.
Y cuando el diálogo logra sostenerse más allá de la sesión corremos el riesgo de ser engañados por otros diálogos internos menos provechosos y menos útiles.
Leyendo un libro de escalada encontré una cosa muy interesante: enmudecer el diálogo interno, mediante la supresión de cualquier diálogo o reflexión en cuando esta comienza en nuestra cabeza, es una forma de acallar el momento inicial del síntoma. Debilita la potencia del miedo.
Si dialogas o si el diálogo no es el adecuado durante la escalada, te caes.
Sin embargo, por debajo de la puerta, también puede colarse la imagen, no la palabra del síntoma, la imagen, entonces este cobra ímpetu es una serie de postales construidas por la imaginación.
Felices los que no tienen imágenes, los que no ven cine ni tele.
Porque cuando la proyección a traspasado las fronteras del silencio autoimpuesto, otra vez realidad y síntoma se vuelven confusos.
Los sueños no son elementos de la creación ficcional, son fracciones de textos autos confesados, fragmentos rayados en una pared y a las apuradas, en la penumbra, son cartas de un mazo de Tarot desordenado, elaboraciones posibles en la etapa de limbo físico-químico que ofrece el sueño.
Obran como pistas. Como estrellas fugaces en la noche que deberíamos interpretar una vez conscientes.

Miles detrás de un Huevo de Chocolate

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Al final los 7 mil kilos de chocolate no fueron suficientes para todos. La voz condescendiente del locutor, del gran acto que se desarrolló durante todo el día en el Centro Cívico de Bariloche, pidiendo que nadie se pusiera nervioso porque efectivamente si había para todos, no era más que una alusión poética, una expresión de deseos que no serían cumplidos.
Fueron miles los que se acercaron hasta el centro de la ciudad para obtener su trozo de chocolate salido de aquel cuerpo enorme, de más 8 metros, con aspiraciones de convertirse en el Huevo de Pascua Más Grande del Planeta. Cerca de las doce del mediodía de la súper estructura chocolatera sólo quedaba el esqueleto interior que como un barco encallado en medio de la cordillera nos mostraba sus partes íntimas, cuando hasta los peces han tomado lo suyo.
Durante horas el Centro Cívico e incluso la calle principal, Mitre, estuvieron invadidas por miles de turistas y locales que se congregaron movidos por la noticia del Huevo de Chocolate.
Ayer también se dio por concluido el 12° Encuentro de Escultores en Madera, los artistas terminaron sus obras en madera que fueron admiradas por el numeroso público.
La música no faltó en ningún momento y una banda militar hasta invocó el Himno Nacional desde el escenario por el que durante la semana pasaron Los Auténticos Decadentes, Axel y Miranda, entre otros.
“Seguro que el año que viene van a hacer un huevo más grande”, dijo una señora que esperaba su turno en una interminable fila para obtener su parte en la gloria.
Seguro, porque esta idea funcionó bárbaro. La ocupación durante Semana Santa, según datos oficiales, alcanzó el 80 por ciento.
Y si, aquí hubo cenizas.

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Una familia de artistas

Una familia orquesta
Los Villalobos tienen 10 hijos y todos son músicos

Los padres trabajan en un taller de chapa y pintura. Allí los chicos crecieron escuchando música.

La nota completa en “Clarín”

Bariloche, dos momentos

Dos imágenes tomadas al pie del Cerro Otto. Ambas durante el día y más o menos a la misma hora. Una de ellas fue tomada un par de días atrás cuando las cenizas volvieron a la ciudad. La otra hoy, viernes 28, en una jornada mucho más despejada.

Revista Leche: ecológica, gratuita y cool

Cada revista “Leche” es una caja de sorpresas. Desde su nacimiento esta publicación de música y nuevas tendencias mantuvo una rara mirada despojada de prejuicios para con la realidad. Entre sus páginas uno no encontrará exclusivamente todo “lo nuevo” pero sí un repertorio de movidas, esfuerzos y estéticas que no, de ningún modo, deberíamos perdernos los lectores. Los creadores de “Leche” han conservado la misma cuota de audacia y buena onda que a veces nos lleva a decirles a nuestros amigos: “escuchá, leé o mirá esto”.
El número 43 de esta coqueta, funcional y gratuita revista ya está en la calle. Algunos de los temas son las entrevistas a Rosario Bléfari y al documentalista Frances Vincent Moon, el creador de la Blogotheque; los trabajos del dibujante Gustavo Sala, un perfil de “Riphle”, una banda para tener en cuenta, y otro de CLDSCP (Caleidoscopio), música experimental para oídos abiertos. Conversamos con su director, Marcos Zbrun.

–Se vino “Leche” ecológica…

–Sí, tras varios meses de preproducción, la revista ha lanzado su Nº 43 adaptando todo su proceso de elaboración y diseño hacia una producción sustentable. Esta iniciativa abarca desde el papel, no proveniente de bosques nativos, sin cloro gaseoso (utilizado para el blanqueo de papel), una simplificación de diseños (menos tintas a base de petróleo), impresión responsable (sólo se imprimen los ejemplares necesarios) y sin envolturas plásticas entre otros aspectos. Para esta nueva etapa, y junto al estudio de diseño Bosque, se rediseñó toda la imagen de la revista basados en las características del papel.

–¿Cómo le explicas “Leche” a la gente que aún no la tuvo entre sus manos?

–Es difícil encontrar una definición exacta de cómo es lo que hacés cuando se trabaja de una manera tan intuitiva y libre. Nosotros no perseguimos ser una revista de culto del rock ni ser los portadores de voz de un montón de gente. Simplemente compartimos la información de qué es para nosotros lo más interesante que está sucediendo en este momento. Por eso no tenemos ningún problema en poner de tapa a una banda desconocida para muchos, porque realmente admiramos a quien esté en tapa y si todos le dieran la chance tal vez al tiempo lograrían ver eso que a nosotros nos vuelve locos. No es una revista caza tendencias ni buscamos la nota caliente. Tampoco somos críticos, no tenemos lugar ni nos interesa, todo lo que publicamos son contenidos que nos hacen felices diariamente y confiamos en que pueden llegar a atrapar a cualquiera con la cabeza abierta y ganas de algo nuevo.

–En tanto agitador cultural, editor, periodista, diseñador y quién sabe qué más, me gustaría que me hablaras un poco de cómo ves el universo de los medios masivos y digitales en relación con el público más joven.

–Creo que está pasando que todo joven hoy en día tiene su “pequeño mundo” cultural armado. Yo, por ejemplo, cuando quiero consumir diseño sé adónde tengo que ir para encontrarlo. Asimismo con la música, la animación o cualquiera sea el arte de interés. Cualquiera que tenga la inquietud y dedique su tiempo a investigar las cosas que le gustan se dará cuenta de que uno ya no descubre cosas novedosas en los medios masivos. Llegan a éstos cuando ya están en ese punto de crecimiento que despiertan el interés.

–Por otra parte, en algún sentido, todos los “medios” son masivos en tanto están ubicados en plataformas de alta difusión, pero al mismo tiempo son personalizados porque pueden dirigirse a públicos muy segmentados. ¿Coincidís con esto?

–Que el público es cada vez más segmentado tiene sentido porque uno elabora su propio perfil aportando miles de datos que no es consciente de que aporta, como motores de búsqueda y grupos de interés. Por eso las publicidades son cada vez más directas a sus públicos y uno siente que le leen la mente cuando buscás una cámara que te gustaría comprarte y después todos los banners te venden cámaras y accesorios. Creo que igualmente seguimos teniendo poder sobre nosotros mismos. Más que nunca hay que filtrar criteriosamente y seguir en constante búsqueda, no quedarse con el entretenimiento inmediato de las redes sociales y los videos de bloopers en YouTube, porque no son los que te enriquecen culturalmente.

–Supongo que debes tener algo más que un puñado de sueños. Cuéntame algunos que tengan que ver con tu actividad laboral.

–El sueño es seguir teniendo desafíos, no parar nunca. No caer en la comodidad de lo conseguido y seguir ampliando el espectro a otros proyectos sea cual sea la disciplina. Seguir conociendo gente increíble, siempre abiertos a nuevas amistades y posibilidades de trabajo en conjunto, como nuestra comunión con los amigos y hermanos neuquinos del Estudio Bosque, que tomaron la posta de la nueva estética de nuestra revista (decisión acertadísima) llevándola a un lugar nuevo que sin ellos no hubiera sido posible. Eso, ya te digo, es un sueño cumplido; que alguien a quien admires tanto se ponga tu camiseta y trabaje con tanta dedicación como ellos lo hicieron es hermoso.

–Te propongo que me tires tres ideas, buenas ideas, para desarrollar en materia de medios on- line.

–Todo depende de qué signifique una buena idea. Creo que todos debemos tener un concepto diferente en cuanto a eso. Para muchos, una buena idea en internet es una que genere grandes cantidades de dinero o que tenga millones de visitas. Desde nuestra propia experiencia en la web te puedo contar que siempre hicimos lo que creíamos una buena idea en su momento. Cuando todo el mundo decía que el flash no iba más, que se estaba muriendo, nosotros hicimos una web flash en stopmotion sacando fotos cuadro por cuadro de una heladera que abrías y estaba llena de elementos fuera de contexto: cada uno era un gag distinto. Estábamos convencidos de que iba a ser un éxito por la motivación y el desafío mismo que nos representaba hacer una web que no habíamos visto nunca y hasta el momento que la empezamos a producir no sabíamos cómo hacerla. Una buena idea siempre será esa que te lleve a tener que reinventarte para crear algo nuevo sin tratar de emular ningún formato preexistente.

Publicada en el diario “Río Negro”

La poderosa lección del amor

Un grupo de destacados actores barilochenses lleva a escena “Días contados”. La obra se verá el viernes y sábado, en el teatro La Baita.

El artículo en diario “Río Negro”