Si dejo de volver

Cuando deje de volver, será-seré distinto
a como me has conocido.
Mi mente dejará de estar en otro lado
Mis ojos podrán mirar directo a tus ojos
No habrá más de esos sueños de invierno
en los que soy un niño paleando nieve
en el fin del mundo
mientras las montañas crecen en el último horizonte
y un automóvil atraviesa el espejo de la tierra
como un cohete.
Me escucharás cantar una canción que nunca has oído.
Por primera vez conoceré el sabor del aire
entrando por mi boca directo a mi magma.
Sé que es mi culpa
Después de todos estos años no viste en mi
más que a un fantasma nostálgico
Un alma en pena.
El fotógrafo de paisajes de antaño
Buscador de metáforas, de diálogos, de palabras
que nunca se pronunciaron del modo en que pretendía
No hubo caso
No pude
Lo intenté
Lo sabes
Pero frente a vos
durante el tiempo que estuve con vos
todo ese largo y entrañable tiempo en que
soportaste mi dolor y construiste sobre mis
arenas movedizas hermosos castillos medievales
donde vos eras mi princesa
y yo un escudero
no fui capaz de cambiar, de cambiarme, de cambiarlo
Y, al fin, ¿para qué?
¿Por qué?
Sólo por volver sin volver
A la soledad de la que he nacido
Al viento
A la nada herida de azul
Al silencio
Tanto silencio.
No creo que haya mucho más que decir
salvo por este secreto que te revelo
Porque si dejo de volver
si dejo de volver
si dejo de volver
Entonces.

Un brindis en la pantalla

 

La larga y apasionante historia del vino tiene capítulos muy contemporáneos de lo cuales aún se están haciendo películas y escribiendo libros. Siempre son menos de los que se debería.

En los últimos 10 años hemos visto pasar por la pantalla una interesante tanda de filmes que retratan desde distintos ángulos momentos y anécdotas íntimas acerca de cómo la vid se ha incorporado al cuerpo ancho de la sociedad moderna. El argumento no siempre recae con todo su peso sobre “el vino” pero, al final, las copas de los protagonistas chocan entre sí y los hombres y mujeres brindan por futuros horizontes poblados de viñedos.

El artículo completo en “Río Negro”

¿Es nazi John Galliano?

John Galliano era un referente de la moda actual, hasta que se lo denunció por agredir verbalmente con insultos racistas a unas mujeres en un café de París. Fue expulsado del Olimpo de Dior y su conducta deja muchas dudas acerca de qué realmente ocurrirá con la vida de este famoso y admirado diseñador. En los últimos años otras celebridades también han sorprendido a la opinión pública con sus loas a Hitler.

El artículo en diario “Río Negro”

El lenguaje secreto de la música

Fotografía: Alejandra Bartoliche

La Sinfónica Patagonia dirigida por Facundo Agudín se presentó este fin de semana en El Bolsón, La Angostura y Bariloche. Crónica de unos de sus muy concurridos conciertos.

La música es un lenguaje compuesto de palabras secretas. Entre la expansión del sonido y su llegada a los oídos de la audiencia se gesta una dinámica distinta e impensada. Es ahí donde se fabrican palabras que no son dichas, sensaciones de alta pureza que elevan la música a la categoría de milagro.
En la extensa fila de personas que esperaban el fin de semana su turno para entrar al Gimnasio Municipal Nº 1 de Bariloche una alegre ansiedad se hacía palpable. “Vamos a escuchar un poco de música clásica”, le decía, como incrédula, una señora a otra. Mientras tanto polulaban por entre las piernas de los adultos unos chicos con suficiente energía como para llegar a la Luna y unas jovencitas no paraban de enviar y recibir mensajes de texto desde sus celulares.
Pero este dinamismo tan humano, tan necesario, tan habitual, se congeló por espacio de una hora y media cuando la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Río Negro – que el viernes estuvo en El Bolsón y el sábado en La Angostura – comenzó a calentar instrumentos. El silencio se impuso igual que un manto en el momento en que las cuerdas iniciaron su escalada de afinación. A partir de entonces todo fue música, clásica, docta, o como quieran llamarla, pero música al fin, que trasladó a la gente en el tiempo y a lo largo de la historia y la geografía de Europa y la Argentina.
Fue un verdadero flash de energía y coordinación ofrecido como un regalo por este conjunto de buenos músicos que son pura sonrisa y orgullo, tal vez un poco inconscientes aun de lo mucho que están logrando en escaso tiempo.
“Ahora vas a ver, la segunda parte es la mejor, lo más power”, le explicaba un músico de la sinfónica a un amigo durante el intervalo. Nada más cierto porque después de hipnotizarnos con “La pregunta sin respuestas” de Charles Ives, y de subir la temperatura con “7 danzas folklóricas rumanas” de Bela Bartók, “Suites I y II de la ópera Carmen” de George Bizet; la Sinfónica Patagonia terminó levitando, a puro “power”, con “Danzas del ballet Estancia” de Alberto Ginastera. Fueron necesarios tres bises para que el público se diera por satisfecho.
Pero justo antes de los bises una imagen se perpetuó frente a mi. Una señora aferrada a su bolso y su abrigo, que permaneció sentadita, en transe, en uno de los bancos que habitualmente utilizan los jugadores suplentes, a lo largo del concierto. Los ojos fijos en un horizonte invisible. El cuerpo quieto pero desprovisto de tensión. Apenas unos leves movimientos rítmicos revelaban hasta que punto se encontraba disfrutando de la música. “¿Ya terminó?”, le preguntó a su amiga que también se había petritificado. Si, había terminado.
Pero quedaban los bises y, cuando la última frase de los instrumentos fue dicha, la gente aplaudió de pie y gritó pidiendo un más.

John Gallliano, la caída del dios de la moda


En unos días saldrá en “Río Negro” un artículo dedicado al diseñador John Galliano, su caída después de sus agresiones racistas y también un recuento de otras celebridades que han mostrado su inclinación por Hitler Aquí un adelanto.

El excéntrico John Galliano ha sucumbido al lado más oscuro de su personaje. Irónicamente las imágenes suyas o con su impronta, que perdurarán en la memoria colectiva, no serán, no al menos únicamente, las de sus alucinados vestidos que le permitieron recuperar el esplendor a la Casa Dior sino las de un siniestro hombrecito captado por un teléfono celular escupiendo frases racistas y loas a Hitler.
Al tiempo que el personaje Galliano pronunciaba lo impronunciable en el contexto de una Europa convulsionada por la diferencias culturales, el Galliano persona se autoinmolaba en las llamas de su propio infierno. Como es público y notorio las consecuencias de sus dichos no se hicieron esperar. El modisto fue despedido en el acto de Dior – donde trabajaba como director creativo – y el estreno de la colección de su autoría, que la marca iba a presentar en cuestión de horas en el Museo Rodin, se mantuvo en pie aunque sin que se mencionara su nombre.
Hace unos días Galliano recibió un castigo simbólico de parte de la justicia francesa y desde entonces la única que se ha solidarizado con él es la modelo Kate Moss quien lució para su casamiento un vestido “by Galliano”. Un tribunal declaró al artista de 50 años culpable de los cargos en dos altercados denunciados y le aplicó una multa de 6.000 euros sin obligación de cumplimiento -deberá pagarla en caso de reincidir en los próximos cinco años- , un euro simbólico para las víctimas (que desde el inicio de esta disputa dejaron en claro que no buscaban dinero ni llamar la atención) y las cinco asociaciones que se unieron a la acusación y el reembolso de sus gastos jurídicos, que se elevan a unos 16.500 euros.
El exabrupto de Galliano deposita sobre la mesa un basto, perfumado y perturbador material de análisis. ¿Es, en verdad, una de las mayores figuras de la moda de los últimos 25 años, un nazi confeso? ¿Pudo un inmigrante de familia humilde, padre gibraltareño y madre española, criado en el sur Londres, convertirse en un racista sin pelos en la lengua? ¿Qué significan realmente todos esos insultos y muestras de xenofobia que salieron disparados de la boca espumante del modisto?
Un poco de historia reciente. John Galeano fue denunciado en dos ocasiones este año por haber insultado a personas, mujeres en su mayoría, que estaban, como él, pasando un rato en el bohemio café La Perle. Galliano se despachó en inglés con varios: “judía de m….”, “sorete asiático”, “sucia cara judía, te voy a matar”, “personas como vosotras estarían muertas. Vuestras madres y vuestros padres habrían sido gaseados” y un contundente “Amo a Hitler”, en distintos momentos y frente a distintas personas pero en el mismo escenario.
Una de aquellas postales furibundas quedó grabada en la memoria de un celular. En la imagen publicada en Internet se observa el rostro cansado, la mirada perdida y borracha de un hombre en plena crisis psíquica dispuesto a sacar del armario lo peor y lo más bajo de sí mismo. Según Daphne Guinness, referente de la moda, Galliano cometió un suicidio lingüístico en lo que sería una metáfora del verdadero suicidio de su colega Alexander McQueen.

Ricky, un misterio

Ricky Martín siempre fue, es y será un misterio para el mundo del espectáculo y especialmente para nosotros, sus fans.
A su historia me remito.
Cuando pibe pensamos que su destino no sería muy distinto del de aquellos otros chicos de pelos engominados pero rebeldes, de pasitos ágiles e histéricos.
Pero no, se salió del molde y dejó su grupo por una carrera en solitario.
Pensamos, de nuevo, y pensaron los críticos, los conocedores de este mundillo regado de curvas y champagne, que se perdería en la noche inmensa, la misma en la que se han diluido tantas promesas juveniles. Y no, Ricky sobrevivió a la individualidad metiendo un hit tras otro en los rankings de las radios.
Imaginamos que se quedaría en español pero se pasó al inglés. Apostamos por que le iría mal y el cambio le resultó perfecto: Ricky conquistó Los Ángeles y Nueva York.
Nos lo hacíamos muerto, borracho de lujuria en cualquier momento, en cualquier hotel cinco estrellas del Caribe, pero Ricky se mantuvo en excelente estado atlético y, todo indica, más o menos sobrio.
Hacíamos apuestas acerca de que su repertorio no superaría al de Chayanne (sin ir más lejos) y lo sobrepasó por mucho y con buenas y pegajosas canciones.
Dijimos que Ricky Martin no llegaría a conmover nuestros corazones como lo sabe hacer Alejandro Sanz hasta que un día interpretó “Tu recuerdo” a dúo con La Mari Chambao y nos obligó a llorar como niños que han perdido su juguete predilecto.
Estábamos seguros de que era gay pero quería hijos y conquistaba exuberantes mujeres. Y cuando ya nos habíamos acostumbrado a su masculinidad depilada abrió la puerta del ropero y nos explicó que sí, que exactamente todo lo contrario, que era gay nomás.
Por esto y más, nosotros, o yo y millones de otras fanáticas, lo queremos, lo respetamos y cada tanto le prendemos una velita como a un santo excéntrico que viste jeans ajustados.
Muy ajustados.

Publicado en “Río Negro”

Piensas en flores

Despiertas. Es la oscuridad. Un truco. Estás del lado equivocado de la cama. Por un momento creíste haber levitado. Como un mago. Como un fantasma. No sos nadie. No sos más que un espejo de la noche. Todas las fichas te caen al mismo tiempo. Fuiste una monja en la India. Un guerrero caído en el campo de batalla en Escocia. Un jugador de golf gordo y engreído en Las Vegas. Un torpe amante en Venecia. Un suicida en Berlín. Fuiste el que lloró por Jesús pero martilló sus clavos. Y el rockero que jamás supo dónde quedaba Woodstock. Fuiste una ninfa. Y un demonio acorralado. El paje y el caballero. El buscador. El agricultor. El niño y sus juguetes. El anciano aburrido de sí mismo. Todo eso en una fracción de segundo. Luego descubres que no. Que estás ahí. En tu casa. En tu dormitorio. Y que tus hijos duermen igual que ángeles entre nubes de algodón. Y que tu mujer sigue furiosa con vos. Y que bebiste de más anoche. Y que necesitas un Uvasal. Que sos un hombre, una mujer en este siglo, un poema mal escrito en este milenio. Piensas en flores. No sabes por qué.

Despiertas. Es la oscuridad. Un truco. Estás del lado equivocado de la cama. Por un momento creíste haber levitado. Como un mago. Como un fantasma. No sos nadie. No sos más que un espejo de la noche. Todas las fichas te caen al mismo tiempo. Fuiste una monja en la India. Un guerrero caído en el campo de batalla en Escocia. Un jugador de golf gordo y engreído en Las Vegas. Un torpe amante en Venecia. Un suicida en Berlín. Fuiste el que lloró por Jesús pero martilló sus clavos. Y el rockero que jamás supo dónde quedaba Woodstock. Fuiste una ninfa. Y un demonio acorralado. El paje y el caballero. El buscador. El agricultor. El niño y sus juguetes. El anciano aburrido de sí mismo. Todo eso en una fracción de segundo. Luego descubres que no. Que estás ahí. En tu casa. En tu dormitorio. Y que tus hijos duermen igual que ángeles entre nubes de algodón. Y que tu mujer sigue furiosa con vos. Y que bebiste de más anoche. Y que necesitas un Uvasal. Que sos un hombre, una mujer en este siglo, un poema mal escrito en este milenio. Piensas en flores. No sabes por qué.

La Sinfónica Patagonia en la Cordillera

Los músicos en pleno ensayo hace unas horas.

La Sinfónica Patagonia de la UNR, integrada por 110 músicos, se presenta este fin de semana con fines solidarios en El Bolsón, Villa La Angostura y Bariloche.

El artículo completo con las fechas y horarios de las presentaciones y entrevista su director Facundo Agudín.

“Danzas del ballet Estancia” de Alberto Ginastera, grabado en Roca hace unos meses por el Centro de Producciones de Contenidos Audiovisuales de la UNR. El mismo que se escuchará este fin de semana en Bariloche, Bolsón y La Angostura.

Porqué correr nos hace sabios

La velocidad no es hija de la potencia sino de la sabiduría. Como un fogonazo que ilumina tu mente por unos segundos. Un estruendo donde toda la música es albergada en la geografía de una única nota. Una nota colosal. No es la velocidad el producto del esfuerzo muscular que desarrollamos por alcanzarla sino de una reflexión, una poderosa e invisible reflexión llevada a cero punto cero y que funciona como un resorte capaz de propulsarnos a través de nuestros prejuicios y miedos personales.
La acción no se conoce a sí misma. No se reconoce en el espejo profundo de la vida. Es consecuencia y forma pero no contenido ni motivo. No se sabe. Como no sabe, la acción, porqué estalla  o de dónde proviene la instancia a partir de la cual adquiere su ritmo. El devenir que atravesamos subidos a su enigmática velocidad es un argumento que encuentra razones extrañas en una serie de fantásticas casualidades pero que responden, en verdad, a una voluntad maestra, a un deseo primitivo. Una solicitud que hicimos cuando aun éramos éter, viento y noche sin estrellas. La idea última, la prístina provocación que subyace a cualquier planteo bélico o amoroso, contingencias que nos incitan a correr, puede estar bien representada en una raíz pequeña y poderosa como un átomo. Una pincelada microscópica aunque feroz. Es la cabeza de Buda diluyéndose como un río junto al árbol de la sabiduría.
Hasta un torpe es sabio cuando corre.

Demasiado real: películas y documentales sobre 11 Sept

El hecho –total y absolutamente– real fue demasiado para Hollywood. La industria recibió el impacto del mismo modo que el resto de la sociedad y de la clase política norteamericana: la boca abierta, el silencio.

El artículo en “Río Negro”

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